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ARGENTINA
361 votos | Medio Ambiente | 07/12/2009


Oil Fox inaugura la primera planta de biodiesel en base a algas

»   Los primeros días de diciembre se inaugura la primera planta de biodiesel a base de algas en la localidad de San Nicolás, a 240 kilómetros de la Capital Federal.

La empresa Oil Fox, presidida por Jorge Kaloustian, realizó una inversión inicial de 7 millones de dólares. De esta forma, se suma un nuevo jugador a un sector, en el que ya participan Eduardo Eurnekian, Bunge, Dreyfus, Molinos y Aceitera General Deheza, entre otros. Todo comenzó en 1999, cuando nació Oil Fox y fundó su primera planta en Chabas, provincia de Santa Fe. Hasta el 2002, produjo 48 millones de biodiesel, provenientes del aceite de soja. Con la crisis, todo se detuvo. A comienzos del 2005, Kaloustian decidió retomar el negocio y se encontró con que los grandes jugadores del sector tenían concentrada la mayoría de la soja del mercado y no la querían vender.


No tenían materia prima. Desde el 2002, como negocio paralelo, había comenzado a dedicarse a cultivar algas para el consumo humano como suplemento dietario. Con ese as en la manga, en el 2005 descubrió que de las algas también podía producir biodiesel. Y se lanzó a la aventura de construir una segunda planta en San Nicolás.


LEGISLACIÓN


En forma paralela, en el 2005 se aprobó una ley que impone que, a partir del 2010, todo el gasoil de petróleo deberá mezclarse con un 5% de biodiesel producido en la Argentina. Si bien, a nivel local, existen aproximadamente 10 plantas de biodiesel que producen 1.800.000 toneladas y para cortar el combustible apenas se necesitan 600.000, no hay muchos interesados. La razón es que es más negocio exportar biodiesel. En Europa, el litro se paga un euro, mientras que acá, se estima que se pagará el mismo precio del gasoil subsidiado, que ronda los 0,75 centavos de dólar.


APUESTA


Todo está listo para lanzar la fabricación del biodiesel en base a las algas, Lo único que falta es poder hacer una gran producción a escala, ya que la planta tiene una capacidad de 10 millones de litros. El método que utiliza Kaloustian es a través de invernaderos y ya tiene 8. Pero la idea es contar con 500 invernaderos en el 2010, para llegar al máximo de la producción. Las algas se reproducen al doble, cada 24 horas.


Hoy cuenta con 10.000 kilos mensuales de algas que procesadas, que se convierten en 5.000 litros de biodiesel. Una ínfima suma, en relación a la capacidad total de producción de la planta. "En apenas 60 hectáreas puedo poner 500 invernaderos y obtengo la misma cantidad de aceite que sembrando 200.000 hectáreas de soja. Decidí dejar la soja y pasarme a las algas, más por necesidad que por genialidad”.


“No podía competir con los dueños de las grandes aceiteras, necesitaba autoabastecerme. Si bien existen 100.000 variedades de algas, ya descubrí que, por lo menos cinco, pueden convertirse en biodiesel", explica Kaloustian, que ya patentó bajo su propiedad el método con el cual convierte a las algas en biodiesel. Casi una fórmula secreta que hasta el Massachusetts Institute of Technology (MIT) está buscando.


Pero para seguir adelante, necesita 50 millones de dólares más. Por lo que realizó un fondo fiduciario y está en busca de inversores o socios financieros. Mientras consiga el resto de la inversión, quiere producir biodiesel en base a aceite usado de cocina o de tártago para, poco a poco, incorporarle algas. De hecho, ya hizo acuerdos con recolectores de San Nicolás y Pergamino para conseguir aceite usado.


Para transformar las algas en biodiesel necesita alimentarlas con una híper excesiva inyección de dióxido de carbono del ambiente. Por eso, ya realizó un acuerdo con la central térmica de San Nicolás para burbujear dióxido de carbono en los invernaderos. Kaloustian planea hacer un dueto para poder capturar 200.000 toneladas de carbono por mes, pero necesita invertir 1,5 millones de dólares más.


Una vez que obtenga el biogas, que hace con el compost de los desechos orgánicos, lo transforma en sales inorgánicas, que son los alimentos básicos para las algas. De paso, abarata costos.


PROTOTIPO


Todas las pruebas están listas, sólo falta salir al mercado. "Tenemos un método para extraer el biodiesel de las algas que no existe en ninguna parte del mundo. Lo que me hace falta es poder producir a gran escala. Desde Europa se mostraron muy interesados en esto. De hecho, ya firmé un acuerdo para exportar a Inglaterra la primera producción. Incluso, ya vendí plantas llave en mano a países como Estados Unidos, México y España. Pero necesito inaugurar primero la planta en la Argentina", confiesa Kaloustian.


Pero no es fácil reunir la inversión necesaria. "No tengo subsidios, no sé si hay, ni tampoco los busco. Creo que las empresas privadas debemos dejar de ser prebendarios del Estado. Me puede ir bien o mal. Pero los subsidios, los termina pagando mi abuela, no me gustan. Prefiero trabajar duro. Tampoco me gusta que me saquen nada. Pero ya sé que aunque todavía no exporté, las retenciones a la venta al exterior de biodiesel en base a algas están en un 20 por ciento", señala.


Pero pese a todo, Kaloustian no descansa. Hace unos años hasta compró las instalaciones de una estación de servicio, en Barracas, con el sueño de producir biodiesel a través de aceite usado, que recolectarían cooperativas cartoneras, para vender a bajo precio a micros escolares de colegios públicos. Pero no obtuvo eco en el Gobierno de la Ciudad. Hoy comercializa combustible como una estación de bandera blanca. También intentó seducir a la Fuerza Aérea, para el uso de este combustible, que si bien fue probado en vuelos de Pucará, luego descartaron la idea.


"Hubiese sido un hito en la historia, hoy hasta la Boeing está detrás de este proyecto. Pero no me desaliento y sigo con mis investigaciones, ahora descubrimos que rompiendo la pared celular de las algas se obtiene Etanol, porque tienen celulosa. Con el equipo de biólogos y ficólogos sigo investigando", relata.


SOCIO FAMOSO


Pero Kaloustian es paciente. De hecho, ya se reunió tres veces con el Presidente de Paraguay, Fernando Lugo, y está cerrando un acuerdo para proveerle el 20% de la energía que necesita el país vecino. "Para el negocio en Paraguay, me asocié con el ex arquero José Luis Chilavert y compramos una aceitera en desuso que se llama Mateuchi. Si bien invertimos 3 millones de dólares, nos faltan 17 más”.


“Como allá no se dan las condiciones para poder cultivar algas, nos estamos poniendo de acuerdo con 32 cooperativas que reúnen a una gran cantidad de productores de aceite de tártago y les compraremos todo lo que hagan", cuenta el Presidente de Oil Fox. No sólo se trata de cuidar el medio ambiente, sino de buscar recursos energéticos más económicos. Una idea que hace unos años parecía impensable y hoy sólo es posible, por el esfuerzo y la pasión de un empresario argentino.

Fuente: Infobae Profesional


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