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0 votos | Notas Destacadas | 10/07/2018


Tenemos que animarnos a soñar con las oportunidades de un país gasífero

»   El presidente de YPF, líder deLtask-force de Energía del B20, analiza a fondo la agenda de la transición energética que se viene en la Argentina con foco en Vaca Muerta.

El gas como gran oportunidad para agregar valor en la economía local a través de su industrialización. 

La importancia de recontractualizar el mercado energético. Y un deseo: "Tenemos que animarmos a pensar a largo plazo".

La última semana de Miguel Ángel Gutiérrrez grafica a la perfección cómo lo ecléctico y lo impredesible operan como motores en la agenda de cualquier empresario argentino. El presidente de YPF aterrizó en Buenos Aires el jueves 31 de mayo por la mañana desde París, donde participó de la reunión del grupo B20, que reúne a los principales empresarios de los países que integran el G20. Gutiérrez es el chair (líder) de la task-force de Energía. En ciudad de la luz discutió con colegas de todo el globo cómo avanzar hacia la descarbonización de la economía mundial. 

Una agenda con tópicos a largo plazo, como el desarrollo del gas como combustible de la transición hacia las energías limpias, la nueva economía circular y la sustentabilidad de los procesos de extracción petrolera. Ya en la Argentina, esa cartera de temas, de inmediato, se trastocó por completo. Casi en simultáneo a su aterrizaje en el aeropuerto de Ezeiza, el presidente Mauricio Macri vetaba la ley para retrotraer las tarifas de gas, agua y electricidad a los niveles de noviembre de 2017 que el Senado había aprobado el día anterior. La cuestión tarifaria es central para YPF en su condición de mayor productor de gas y de energía de la Argentina. 

Sin embargo, no fue la única novedad del día. Al contrario, la jornada recién arrancaba. Por la tarde, debió concurrir a una reunión convocada casi de urgencia por el ministro de Energía, Juan José Aranguren, para negociar un esquema que les permita a las empresas aumentar el precio de las naftas y gasoil tras la devaluación del peso (más de un 25% desde mediados de abril) y la escalada del precio internacional del petróleo. De proyectar los grandes lineamientos internacionales de la energía a futuro a bucear, sin escalas, las aguas turbinas de la Argentina post cimbronazo cambiario. La agenda de Gutiérrez requiere versatilidad, plasticidad y, sobre todo, adaptación. 

La entrevista con Revista TRAMA estaba pautada para el viernes 1 de junio en la torre de Puerto Madero, pero se reprogramó para tres días más tarde vía telefónica por el affaire‘combustibles’. Sólo una muestra de cuán difícil es en la Argentina superar lo urgente para hablar de lo importante. Y así y todo, es imprescindible.

Gutiérrez, un self-made businessman formado en el sector financiero, se introduce de lleno en la necesidad de poner foco en el mediano y largo plazo de la energía. Durante toda la entrevista pivotea sobre Vaca Muerta. No sólo con un enfoque energético vinculado a reducir y elminar importaciones de gas y combustibles. Su mirada trasciende lo energético para poner en valor el componente industrial. «Lo que todavía no entendemos (como sociedad) son las posibilidades que nos ofrece ser un país gasífero. Aún no estamos soñando como debíeramos con tener una matriz de generación de energía muy barata que abriría múltiples caminos industriales que otros países no tienen», enfatiza.

En las discusiones del B20 se instaló la idea de que en la Argentina hay distintas transiciones energéticas hacia un mundo de energías limpias. ¿Qué visión cree que debería tener el país frente a esta transición y cómo debería encararse?

Como punto de partida, cada gobierno nacional define su posicionamiento en el G20 de cara a la transición hacia las energías limpias. Estamos todos de acuerdo en que debemos ir a un mundo con emisión cero de gases contaminantes. El punto es cómo llegamos ahí, porque las matrices energéticas de los países son distintas. Lo que se propone, entonces, es tomar lo mejor que tiene cada una de esas regiones y transicionar hacia ese nuevo mundo descarbonizado. Desde el pequeño mundo que es nuestra región, tenemos claramente la posibilidad de transicionar con el gas natural. Esa ventaja representa un punto desde donde nos paramos firmemente. La Argentina tiene una matriz de las más limpias del mundo, tanto en hidrocarburos como renovables y la matriz gasífera, para la generación de energía eléctrica. El porcentaje del carbón en nuestra matriz es mínimo, el 1%. Esa situación no es la misma con relación a China, India y, aunque bajó mucho, Estados Unidos, que tienen una coyuntura que aún deben que transicionar. Los primeros combustibles que deberían ser eliminados son el carbón, claramente, por el impacto climático y por cómo afecta a la sustentabilidad del planeta. En segundo lugar, mucha gente hoy sigue cocinando o genera calor con biomasa. El gas también podría desplazar ese consumo del sistema.

Por eso digo que hay muchos pequeños pasos que podemos dar mientras el sector de renovables, de energías limpias, sigue creciendo, y ojalá esas curvas se crucen en el menor tiempo posible. Lo que no podemos hacer es no utilizar los mejores recursos que tiene cada país. Ésa fue la posición que transmitimos como región y desde la Argentina.

¿Cree que ya existe un consenso amplio en la Argentina, es decir, el Estado, las provincias y el sector privado en torno a lo que significa el gas como combustible de transición o todavía hay que trabajar en esto?

Está claro que el gas es ese combustible. Pero todavía no entendemos las posibilidades que nos ofrece ser un país gasífero. Todavía no estamos soñando como deberíamos en contar en el largo plazo con una matriz energética de generación muy barata, que abriría múltiples caminos industriales que otros países no tienen. Fijate, sólo cruzando la Cordillera, lo que paga Chile por el gas que importa. En Brasil, el industrial de San Pablo paga u$s 12 (por millón de BTU). Todavía no nos damos cuenta. Si nuestro mercado de equilibrio de gas a futuro, cuando realmente estemos en producción plena de Vaca Muerta, se estabiliza con precios de u$s 4,50 o 5, sería una ventaja muy importante. Súper importante, diría. Entonces, hay que atreverse a soñar en modelos industriales que aprovechen e industrialicen ese gas. Creo que esa oportunidad no está entendida en su real magnitud en nuestra sociedad. Ni la sociedad civil ni la empresaria terminan de ver la gran posibilidad que eso significa. Creo que nosotros como empresas tenemos que hacer más para en explicarlo mejor. (...)

Fuente: Econojournal


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