
“Ya no es un valor irrelevante en la factura; ahora es un ítem importante que les cambia el bottom line”, analiza Ricardo, sobre cómo el nuevo escenario tarifario está empujando a los hogares e industrias argentinas a adoptar la energía solar como una decisión económica, no solo ambiental.
¿Cómo evolucionó la adopción de energía solar en Argentina en los últimos años?
Viene avanzando a buen paso, aunque todavía podemos ir más rápido. El mayor punto de inflexión fue el cambio de tarifas y el fin del subsidio generalizado a la energía. Antes, si la energía salía muy barata, no había incentivo para cambiar nada. Hoy el paradigma cambió: estamos yendo a un esquema más parecido al internacional, donde la energía tiene un precio real.
Igual seguimos subsidiados respecto al resto de la región. Pero incluso con eso, hoy en día ya es más barato tener paneles solares que seguir pagando a la distribuidora. En algunos casos estamos hablando de un 50% menos. Cuando la alternativa es tan clara, ya no es una pregunta: si lo podés hacer, se hace.
El sector depende fuertemente de la importación. ¿Cómo impacta el comercio exterior en la operación?
Es casi fundamental. China hoy tiene capacidad para producir el doble de los paneles que se instalan en el mundo por año. Si globalmente se instalan 200, China puede producir 400. Tiene los mejores precios, los mejores productos y pasó a todos por arriba en los últimos años. India y Alemania juegan, pero China se llevó todo.
Y eso hace que cualquier cambio pequeño que hay en China te cambia todo: un contenedor que tiene que llegar en cierto plazo puede llegar cuatro meses más tarde. Como somos la última gota del barco, cualquier desvío o demora impacta de lleno. No hay nada que no se pueda resolver, pero todo requiere mucho seguimiento y estar permanentemente encima de lo que está pasando.
Fuente: Infobae
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