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La minera que no pudo entrar a Famatina corri贸 un pueblo entero para extraer oro en Canad谩

13/03/2012 | EMPRESA | Miner铆a | 540 lecturas | 239 Votos



El Cronista recorri贸 el proyecto Malartic, que comenz贸 en 2004, cuando la empresa adquiri贸 los derechos para explotar la zona.




En mayo de 2011 vendi贸 la primera onza de oro, tras negociar con la provincia de Quebec, al este del pa铆s, y los habitantes de la tierra que ahora se convirti贸 en un gran cr谩ter. Mud贸 sus casas, construy贸 nuevas instalaciones comunes y dio empleo a m谩s de 200 personas. S贸lo tuvo un opositor y el caso termin贸 en la Justicia.


Sobre el gran cr谩ter que la firma canadiense Osisko abri贸 en Malartic, en la provincia de Quebec, al este de Canad谩, hab铆a 250 familias que accedieron, despu茅s de arduas negociaciones a 鈥渃orrerse鈥 literalmente del lugar, para que la minera extrajera oro de sus propias ra铆ces. Los habitantes de esta zona, que primero pusieron reparos al proyecto, tienen una diferencia fundamental con los ambientalistas y vecinos que protestaron contra la presencia de la misma empresa en el cerro Famatina, en La Rioja: buena parte de la riqueza de su regi贸n y su pa铆s se basa en la miner铆a. La primera explotaci贸n de oro de la zona data de 1935.


Malartic es el mayor proyecto operativo de Osisko. La empresa lo inici贸 en 2004, y hasta mayo de 2011, no vendi贸 una sola onza de oro. En 2011, la producci贸n alcanz贸 las 200.137 onzas mientras la empresa cuenta reservas, entre comprobadas y probables, por 10,9 millones de onzas de oro. La miner铆a es una inversi贸n de largo plazo. Con paciencia y la mirada puesta en un objetivo millonario, la compa帽铆a empez贸 las tareas de excavaci贸n en 2005, poco despu茅s de haber obtenido los derechos de explotaci贸n. Negoci贸 con los vecinos y logr贸, entre 2008 y 2009, mover sus casas.


Y la excepci贸n a la regla fue un hombre que no acept贸 ninguna oferta de Osisko por dejar su casa y se opuso fervientemente al proyecto: Shy Ken Masse. Su caso termin贸 en la corte despu茅s de tres a帽os de intento de negociaciones y Osisko pudo seguir adelante. El Cronista recorri贸 las instalaciones de la mina y el centro de operaciones de la empresa en una regi贸n poco amigable a esta altura del a帽o. Las temperaturas que pueden superar los 25潞 C en el verano n贸rdico ahora cuentan para atr谩s, entre 15 y 20 grados bajo cero. Y falta poco para que empiece la primavera.


En enero, las temperaturas pueden caer por debajo de los 35 grados bajo cero. Y la mina no se detiene. En Malartic trabajan 600 personas divididas por la mitad cumpliendo turnos de 12 horas. A las 11 y a las 15 horas est谩n estipuladas las explosiones para liberar las rocas, que s贸lo se discontin煤an si el viento sopla llevando el ruido y el olor hacia donde se ubica la nueva ciudad. Los vecinos, antiguos habitantes de esa tierra hoy abierta, siguen viviendo en sus casas, pero del otro lado de un gran muro construido para dividir la mina de la poblaci贸n. La mayor铆a de las casas fue desplazada sobre plataformas que las corrieron del lugar. Pensar que en esta tarea Osisko gast贸 u$s 160 millones ayuda a dimensionar el potencial de la operaci贸n.


Con esos fondos, la firma construy贸 adem谩s un jard铆n maternal, una escuela primaria, un centro social y cultural, un centro para la tercera edad, y un centro de formaci贸n para adultos. Adem谩s del gran muro que en verano es verde y ahora est谩 cubierto de nieve. En los pocos casos en los que las casas no pudieron ser trasladadas y debieron ser demolidas, la empresa construy贸 nuevas residencias para los habitantes. Helene Thibault, responsable de la Relaciones con la Comunidad de Osisko, recorri贸 el nuevo barrio con nueve periodistas latinoamericanos invitados por la embajada de Canad谩 entre los que se encontraba El Cronista.


Si bien la empresa eval煤a su operaci贸n en Malartic como un 茅xito, no deja de haber quejas de los vecinos que atender. Desde ruidos hasta posibles da帽os producto de la vibraci贸n que producen las explosiones. La miner铆a en Canad谩 es una gran industria con centenares de instituciones sat茅lite: departamentos del gobierno nacional, provincial y local se suman a ONG de todo tipo, empresas de servicio de monitoreo, calificadoras, aseguradoras y asociaciones gremiales conforman una enorme red con estrictos controles.


Se entiende, en paralelo, que el proyecto termina cuando la mina se cierra completamente, tarea para la que Osisko calcula un costo de u$s 45 millones. Seg煤n los funcionarios canadienses y empresarios consultados, las firmas deben cumplir fuera del pa铆s las mismas reglas y normas de calidad internas. En la Argentina el desaf铆o est谩 planteado: ahora falta saber si las empresas cumplen lo que prometen y si el Gobierno controla como debe.

Fuente: El Cronista

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