
Si hubiera que elegir una imagen para resumir la economía argentina durante el año pasado, no sería un gráfico de inflación ni una pizarra de la City porteña. Sería la vista desde la costa del sur bonaerense: un desfile de buques tanque cargando crudo neuquino con destino a Texas, Río de Janeiro o el Lejano Oriente. Durante la última década, Vaca Muerta pasó de ser una promesa geológica para en 2025, gracias a la ampliación de infraestructura de Puerto Rosales y del sistema de Oldelval, convertirse en una realidad comercial de peso.
Los datos duros son contundentes y marcan un cambio de época. La terminal marítima, operada históricamente bajo la órbita de la compañía de capitales alemanes Oiltanking Ebytem, rebautizada como Otamerica, movilizó 16.980.523 toneladas de crudo, un volumen que pulveriza los registros anteriores. No se trata de un crecimiento marginal: el salto interanual fue del 42% respecto a 2024. En términos absolutos, el sistema movilizó 5 millones de toneladas más que el año anterior. De ese total, se exportaron 7.624.990 toneladas de petróleo a siete países, en 98 buques tanqueros.
La ampliación de Oldelval y Oiltanking
Pero el dato no es solo el volumen, sino la eficiencia. La entrada en operación de la nueva terminal y los muelles de Otamerica, en sinergia con la ampliación del sistema de oleoductos de Oldeval, fueron la llave maestra que destrabó el cuello de botella más temido por la industria: la capacidad de evacuación. Sin esta ampliación de la capacidad de almacenaje (con tanques finalizados siete meses antes de lo previsto) y los nuevos puntos de atraque offshore, el shale oil se habría quedado bajo tierra o saturando los ductos.
Hasta 2024, el sistema de monoboyas (Punta Ancla y Punta Cigüeña) operaba con un techo de cristal de entre 9 y 13 millones de toneladas. Cada vez que Vaca Muerta aceleraba, el oleoducto troncal y el puerto se congestionaban. El 2025 rompió esa lógica.
La inversión en infraestructura permitió, por primera vez, operar de manera sostenida cerca del techo técnico sin colapsar la logística. La integración de la terminal de Otamerica al esquema de carga no solo sumó volumen, sino que redujo los tiempos de espera en fondeadero, un costo oculto que suele comerse la rentabilidad de las operadoras.
Esto tuvo un efecto derrame inmediato en los servicios conexos. El practicaje, los remolcadores y la logística de abastecimiento debieron redoblar esfuerzos para atender un 22% más de escalas que el año anterior.
El desembarco de DOF en el VMOS consolida la participación de contratistas globales en proyectos estratégicos de la Argentina. La firma cuenta con amplia experiencia en sistemas de amarre, infraestructura submarina, tendido de líneas flexibles y ejecución de obras complejas en entornos marítimos exigentes.
Los trabajos adjudicados se apoyan en estudios previos realizados durante 2025 por el buque Fugro Resilience, reconvertido en Noruega por el astillero Ulstein Verft. Estas tareas permitieron analizar el lecho marino y definir las ubicaciones más seguras para las boyas.
Las investigaciones geotécnicas se desarrollaron bajo supervisión de la Prefectura Naval Argentina, en un área ubicada entre cinco y nueve kilómetros mar adentro. Los relevamientos fueron determinantes para garantizar la estabilidad y seguridad de las futuras instalaciones.
Fuente: La Mañana de Neuquén
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