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Tragedia sacó a la luz males de la pequeña y mediana minería

11/08/2010 | CHILE | Minería | 951 lecturas | 372 Votos



El presidente de la Asociación Minera de Copiapó, Eduardo Catalano, reconoce que la situación de la mediana y pequeña minería es paupérrima, en buena parte de las faenas.




El presidente de la Asociación Minera de Copiapó, Eduardo Catalano, sostuvo a La Nación que el derrumbe acontecido en la mina San José obedece a una mala calidad geológica del yacimiento, por lo que la responsabilidad no puede adjudicarse sólo a sus controladores. Sin embargo reconoce que la situación de la mediana y pequeña minería es paupérrima, en buena parte de las faenas. Catalano, junto a fuentes privadas y públicas ligadas a la minería coinciden en este punto y reconocen que con el aumento del precio del cobre, los empresarios mineros de menor escala han aumentado de 500 a 3.000. “Son los llamados golondrina y se caracterizan por tener poca experiencia y por pagar sueldos llamativos, pero sin ningún tipo de previsión o salud”, dice.


“Si a un colectivero que gana 250 mil pesos al mes, un productor le ofrece 500 lucas por irse a la mina, la persona no lo pensará dos veces. Entre más gente entre a la minería bajo esas condiciones, más accidentes habrán. Revise el listado de accidentabilidad y se dará cuenta”, explica la misma fuente. Un ex funcionario de gobierno y hoy ligado a la empresa privada añade que el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) posee una oficina central en la capital regional, Copiapó, y que son sólo unas cuatro las personas que cumplen tareas de fiscalización, pero “en Vallenar, Caldera, Chañaral, El Salado, Inca de Oro o Diego de Almagro, todas zonas altamente mineras, no tienen un responsable asentado en el lugar”.


EL CASO DE FRANKLIN LOBOS


Orlando Zarría, primo del ex jugador de Cobresal, Franklin Lobos, con lágrimas en los ojos corrobora esos datos y añade que su primo, de 52 años, uno de los 33 mineros atrapados, trabaja de perforista, es decir, maneja una máquina conocida como “jumbo”. Este equipo va taladrando las galerías, que, según el lugar de la mina, pueden llegar a medir desde tres a cinco metros de ancho. Por su labor, que significa estar 12 horas bajo, tierra gana 800 mil pesos mensuales, cuenta Zarría. “Creo en Dios y creo que nos va ayudar, él no puede terminar sepultado aquí, pero la verdad es que ya no nos quedan esperanzas”, añade visiblemente afectado.

Fuente: La Nación (Chile)

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