Hoy cubre un 54,4% de la producción nacional. El aporte hidroeléctrico, por su parte, representa un 34,2% de la misma. La energía de origen nuclear participa con un 6,5%, mientras que la importación explica el 4,9% restante. El panorama es diametralmente opuesto al de otros países de la región. En Brasil, por caso, casi la mitad de la energía obtenida procede de fuentes renovables. Según el estudio ‘Indicadores de Desarrollo Sustentable’ del estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), un 47,2% del consumo eléctrico del gigante del Mercosur durante el año pasado fue cubierto con fuentes alternativas, principalmente hidroeléctricas y combustibles vegetales.
La participación de esos recursos en la matriz energética brasileña creció desde un 39,3% hasta un 47,2% entre 2001 y 2009. En la misma línea, la presencia de generación no renovable -basada en el carbón, el petróleo y el gas natural- cayó desde un 60,7% hasta un 52,8% en el mismo lapso. Entre esas fuentes, las más usadas fueron el petróleo y sus derivados (37,8%), seguidas del gas (37,8%), el carbón mineral y sus derivados (4,8%) y el uranio y sus derivados (1,4%). Al avance de la energía alternativa contribuyó principalmente el incremento en el uso de etanol de caña de azúcar, combustible que se convirtió en el más empleado por los automóviles particulares, y del que Brasil es el mayor productor y exportador mundial.
Fuente: El Inversor Enérgetico & Minero
1186 lecturas | Ver más notas de la sección Minería