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El sector todavía está lejos de un verdadero despegue

15/05/2019 | ARGENTINA | Noticias Destacadas | 200 lecturas | 3 Votos



Texto de Jorge Lapeña




El Gobierno se encamina a la finalización de su mandato con un sector energético que presenta mejoras respecto a la situación de inicio pero que todavía están distantes de lo que sería el conseguir una meta satisfactoria de gestión que muestre un verdadero despegue.

Me focalizaré en tres temas: a) la producción; b) el consumo; y c) las decisiones estratégicas tomadas y en curso de ejecución.
La producción Los datos del primer trimestre de 2019 muestran que la producción de petróleo convencional (84% del total) continúa mermando – 2,1% en el último año- y lo hace desde 1998 hasta el presente. La producción de gas convencional (64% del total) disminuye aún más: 6,9% en el último año. Sin embargo, esas disminuciones crónicas han sido compensadas recién en el último año por fuertes crecimientos en el rubro de petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta.

Los números entusiasman: el gas no convencional (shale gas) aumentó 37% y el shale oil aún más 52% en el año. Gracias a ese efecto compensatorio el último mes la producción total de crudo aumentó 3,1% y la de gas 2,9% respecto al año anterior.

Impactante: el incremento de la producción de gas se debe exclusivamente a la empresa Tecpetrol cuyo incremento en el año fue de 704%, pero la producción de todo el resto de los productores decrece en el año 1,8%.

Esto lleva a varias preguntas.

1) ¿Será sostenible el crecimiento del shale? 2) ¿Será irremediable la caída productiva en todos los yacimientos convencionales? y 3) ¿Es verdad que Argentina tiene debajo de la tierra 20 PIB inmovilizados por no sacar el shale? Hasta ahora no es posible afirmar que el crecimiento del shale sea realmente sostenible: el shale gas no sería producido sin los fuertes subsidios a los productores de la Resolución 46/17. Esa resolución es acotada en el tiempo y el Gobierno procura eliminar el déficit fiscal.
En el caso del shale oil se trata de una producción mucho más genuina y sin subsidios que sería fácilmente exportable y una fuente importante de divisas para la Argentina.

Sin embargo, los riesgos son importantes toda vez que los costos de explotación son altos en relación a los precios futuros posibles – no necesariamente los actuales– del mercado internacional.

En lo relativo a la segunda pregunta creo firmemente que no se puede afirmar que la caída convencional sea irremontable. Los gobiernos argentinos de este siglo, que son únicos y exclusivos responsables de la fijación de la política energética, han cometido un error al subestimar la actividad exploratoria intensa como fuente de incorporación de nuevos recursos convencionales.

Cometen un serio error los que desde la función o desde la empresa o desde la política hacen creer al pueblo que Argentina está sobre una “reserva” de proporciones planetarias cuando en realidad solo tiene importantes “recursos” cuya viabilidad no está probada. Creo que es necesario impulsar estudios más rigurosos técnicamente cuyos resultados deberían ser también más transparentes.

El consumo El primer trimestre del año muestra reducciones importantes en el consumo de los principales productos energéticos: naftas y gas-oil; GNC, energía eléctrica y gas natural. Evidentemente la recesión se siente en la demanda. Es de alguna forma el precio que se paga por una economía energética dolarizada, con fuertes desequilibrios macroeconómicos y donde el precio del gas mal fijado por el Gobierno desde el inicio –que debe ser revisado- desequilibró toda la economía energética.

Las decisiones estratégicas tomadas y en curso de ejecución Es muy importante y alentador el resultado de la licitación de exploración de áreas marítimas impulsado por el actual secretario de Energía.

Al mismo tiempo existe un conjunto de decisiones tomadas en los últimos doce meses que me resultan incomprensibles: a) la parálisis de la construcción del gasoducto del noreste prácticamente concluido; b) la eliminación de la importación de GNL de Bahía Blanca; c) la disminución de las compras contractuales de gas a Bolivia; d) la decisión de la construcción de un nuevo gasoducto desde Neuquén a Rosario sin estudios de factibilidad conocidos.

Fuente: El Economista

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