
Así lo señala un nuevo informe de Fundación Libertad, elaborado junto con la Fundacion Friedrich Naumann Stiftung, que analiza qué necesita la Argentina para consolidar esa oportunidad y transformarse en un proveedor confiable de gas para Europa.
“Europa ya tomó la decisión de diversificar sus fuentes de abastecimiento y la Argentina tiene una ventana concreta para incorporarse a ese nuevo mapa energético. Vaca Muerta aporta la escala y la competitividad del recurso, pero la oportunidad se define en la capacidad de transformarlo en infraestructura, contratos y cargamentos confiables de GNL”, señaló Javier Bongiovanni, economista de Fundación Libertad.
La crisis post-Ucrania abrió una nueva etapa de competencia por proveedores confiables, diversificados y compatibles con los objetivos de seguridad energética de la Unión Europea. Europa redujo sustancialmente su exposición al gas ruso, pero siguió necesitando abastecimiento externo bajo condiciones más exigentes: escala, confiabilidad contractual, flexibilidad logística y menor riesgo geopolítico.
Un caso relevante
La reconfiguración del abastecimiento energético europeo plantea, por lo tanto, una pregunta central para países con potencial exportador: qué condiciones deben reunir para convertirse en proveedores confiables dentro de una matriz de suministro más diversificada y exigente.
En este punto, la Argentina aparece como un caso relevante. Vaca Muerta constituye uno de los principales activos no convencionales del mundo y ofrece una base de recursos capaz de ampliar significativamente la producción de gas natural.
Entre 2021 y 2025 se observa una profunda reconfiguración en la composición del abastecimiento europeo de gas natural. La participación de Rusia en las importaciones totales cayó 35 puntos porcentuales, pasando de ser el principal proveedor energético europeo para ocupar un rol considerablemente menor dentro de la matriz de suministro.
Esta reducción fue compensada principalmente por el crecimiento del GNL, cuya participación aumentó 26 puntos porcentuales y se consolidó como el principal instrumento de diversificación utilizado por Europa tras la guerra en Ucrania.
En paralelo, Noruega incrementó su participación en 6 puntos porcentuales, mientras que Azerbaiyán y Reino Unido registraron aumentos más moderados. Argelia mantuvo una participación relativamente estable y Libia mostró una leve disminución.
En conjunto, la evidencia indica que Europa no redujo su necesidad de importaciones energéticas, sino que sustituyó proveedores y rediseñó su matriz de abastecimiento para reducir la exposición geopolítica asociada al gas ruso. Este proceso tuvo tres consecuencias principales. Primero, la seguridad energética pasó a ocupar un lugar prioritario en la política económica europea, incluso por encima de criterios estrictos de eficiencia de costos.
Segundo, el GNL ganó peso estratégico porque permite diversificar orígenes de suministro y reducir la dependencia de gasoductos políticamente concentrados, aunque exige infraestructura específica, mayor capacidad de regasificación y competencia global por cargamentos.
Tercero, la transición energética europea quedó atravesada por una tensión de mediano plazo: avanzar hacia la descarbonización sin comprometer estabilidad, precios y confiabilidad del suministro. En consecuencia, la crisis post-Ucrania abrió una nueva etapa de competencia por proveedores confiables, diversificados y compatibles con los objetivos de seguridad energética de la Unión Europea.
Europa redujo sustancialmente su exposición al gas ruso, pero siguió necesitando abastecimiento externo bajo condiciones más exigentes: escala, confiabilidad contractual, flexibilidad logística y menor riesgo geopolítico. Esta recomposición abre una ventana para países con recursos abundantes, capacidad de expansión productiva y potencial exportador, como la Argentina a partir de Vaca Muerta.
Sin embargo, esa oportunidad no deriva automáticamente de la disponibilidad geológica, sino de condiciones concretas: infraestructura de transporte y licuefacción, financiamiento, previsibilidad regulatoria, estabilidad macroeconómica y una estrategia de integración comercial capaz de vincular la oferta argentina con mercados exigentes como el europeo. La reconfiguración del abastecimiento energético europeo plantea, por lo tanto, una pregunta central para países con potencial exportador: qué condiciones deben reunir para convertirse en proveedores confiables dentro de una matriz de suministro más diversificada y exigente.
Fuente: Diario Río Negro
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