El debate tuvo lugar durante la presentación del Plan Indicativo Regional de Interconexión Eléctrica con horizonte al 2040 y la Reunión Ministerial de Energía de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), realizadas en el marco de la Presidencia Pro Tempore que ejerce Uruguay sobre el bloque regional.
La iniciativa, impulsada por la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) junto a la Celac, propone una hoja de ruta para fortalecer las conexiones eléctricas regionales y avanzar hacia un marco institucional que facilite el intercambio energético entre los países.
Uno de los principales mensajes del encuentro fue que la integración energética dejó de ser una aspiración política para transformarse en una oportunidad económica concreta. “El tema central tiene que ver co n avanzar, profundizar y socializar los beneficios de la integración”, afirmó el secretario ejecutivo de Olade, Andrés Rebolledo, al referirse a los resultados de los estudios técnicos presentados durante la reunión.
La interconexión puede dejar más de 3.000 millones de dólares anuales Según explicó, el trabajo realizado por equipos especializados permitió cuantificar las ganancias potenciales derivadas de una mayor interconexión regional. “Estamos hablando de que, en un escenario conservador, podríamos ganar anualmente del orden de 1.000 millones de dólares si optimizáramos nuestras interconexiones eléctricas”, señaló.
A esos beneficios podrían sumarse otros 2.000 millones de dólares anuales si la integración también se profundiza en materia gasífera, de acuerdo con estudios desarrollados junto a centros académicos de la región.
El plan presentado en Montevideo contempla 16 proyectos de infraestructura eléctrica que requerirán inversiones por unos 3.500 millones de dólares hasta 2040. La meta es alcanzar una capacidad óptima de interconexión regional de 5.000 MW, permitiendo reducir emisiones, disminuir el uso de combustibles fósiles y mejorar la utilización de energías renovables.
Los estudios difundidos por Olade estiman además una relación beneficio-costo promedio de 10 a 1, con retornos económicos que podrían oscilar entre 1.000 millones y 5.000 millones de dólares anuales dependiendo del nivel de electrificación que alcance la región. Sin embargo, los participantes coincidieron en que la construcción de nuevas líneas de transmisión o gasoductos no será suficiente para alcanzar esos objetivos.