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“Santiago tendrá el peor invierno de su historia”

19/04/2006 | CHILE | Medio Ambiente | 395 lecturas | 316 Votos




Como el gas natural escasea, buena parte de las industrias volverán a quemar petróleo en sus procesos productivos, retroceso ambiental que se producirá justo en medio de un invierno que se augura seco. A más humo y menos lluvia, más alertas y preemergencias. Médicos y ecologistas exigen medidas preventivas urgentes. Esto se ve negro.

 


Enrique Accorsi no duda un segundo y lanza su alarmante advertencia: “Santiago tendrá este año su peor invierno”, enseña el médico-diputado. Y no sólo eso. “Santiago tendrá la mayor contaminación del aire de la historia”, esgrime sin que su cara dibuje un rictus. La razón para él es simple. La crisis de suministro de gas natural está provocando que las industrias de la capital vuelvan a usar petróleo en un sus procesos productivos. “Alrededor de un 80% de ellas usará petróleo por falta de gas... El impacto -dice- será tremendo”.

Cerca suyo está el diputado Guido Girardi, padre del homónimo senador que anota otro dato al negro pronóstico de Accorsi: “Este año será más seco, habrá menos lluvia para disipar el esmog”.

La bancada médica en pleno -además estaba el diputado Marco Antonio Núñez-, al igual que sectores académicos y ambientalistas, pide incluir las variables biomédicas, los niveles de ozono -que superan 160 día al año la norma internacional- y el PM 2,5 en lugar del PM10 a la hora de decretar alertas, preemergencias y eventuales emergencias para este invierno y, en general, como medida de largo y sano aliento.

“Pedimos, por ejemplo, que en los meses críticos de invierno, donde estadísticamente se producen unas 400 hospitalizaciones de niños y adultos mayores por problemas respiratorios, se rebaje de 200 a 150 el límite para decretar una alerta ambiental”, explica Accorsi. “Contaminación, frío y aumento de virus”, añade Girardi padre, son socios.


Invierno negro

Sara Larraín, directora de la ambientalista Chile Sustentable coincide en la negativa concurrencia del factor petróleo como factor de incremento de las emisiones tóxicas. Es más, indica que por esta razón, “todo lo que Santiago avanzó por reconvertir su industria del petróleo al gas natural podría perderse”, comenta. En otras palabras, se avanzó un paso para retroceder dos, por cuanto en el último lustro ha aumentado la expansión horizontal de la ciudad y además el número de automóviles circulando por la capital.

La directora de Chile Sustentable afirma que el cambio de combustibles desde petróleo y carbón a gas natural fue un factor clave en la reducción de las emisiones en la Región Metropolitana en los últimos cinco años, pero volver a quemar petróleo tiene un impacto directo en el aumento de la PM10 -y por ende de las alertas y las preemergencias-, y un grave incremento del azufre en el aire. Las PM10 podrían registrar un aumento del 31%, el dióxido de nitrógeno en un 34% y el dióxido de azufre en un 45% (ver recuadro).


Maldito año seco

Al aumento de fuentes fijas (industrias) emitiendo esmog, el año seco conspirará decididamente contra un mejor aire en Santiago este invierno. En el Centro Nacional de Medio Ambiente (Cenma) de la Universidad de Chile, el jefe de la Unidad de Meteorología y Calidad del Aire, Manuel Merino, así lo confirma.

“Los modelos climáticos pronostican menos lluvia que el año pasado, lo que se traduce en que las condiciones de dispersión y además de ventilación serán desfavorables, lo que hará aumentar los episodios críticos de alertas y preemergencias”, detalla Merino.

Eugenio Campos, meteorólogo del Cenma, especifica que el año seco se explica por la presencia del fenómeno de La Niña, corriente que, a diferencia del fenómeno de El Niño, enfría el océano Pacífico. En 2005 -precisa Campos- entre abril y septiembre hubo 52 días de lluvia completando 387,7 milímetros de agua caída. “La lluvia en 2005 fue regular y constante, pero para este invierno se espera además lo inverso. Pueden pasar varias semanas y hasta un mes entero sin lluvia”, prevé.

Campos dice que tal vez este invierno llueva la mitad que el año pasado y con mayores intervalos. Con más esmog por petróleo quemado, menos lluvia y más frío, la ecuación augura para este invierno un aumento de las alertas y preemergencias. Pero también crecen las enfermedades respiratorias que, en 2005, estima el jefe del Centro de Medio Ambiente de la Escuela de Ingeniería de la UC, Luis Cifuentes, se tradujeron en un gasto en salud del orden de los 307 millones de dólares.



Fuente: La Nación

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