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Así lo indicaron el jueves fuentes con conocimiento de las negociaciones. El trato, que podría firmarse y hacerse público pronto, funciona de manera que permite a Washington asegurar un grupo de yacimientos petroleros venezolanos. Esas áreas quedarían para desarrollo por empresas estadounidenses.
El suministro resultante queda garantizado para Estados Unidos. “Esto es real y se está debatiendo al más alto nivel entre los Gobiernos de Estados Unidos y Venezuela”, dijo una de las fuentes consultadas. Otra fuente agregó que se considera un “contrato de arrendamiento” como modelo legal para que el acuerdo funcione. Luego vendría una subasta o licitación para asignar cada uno de los yacimientos entre las empresas estadounidenses. La Casa Blanca remitió las preguntas al Departamento de Energía de Estados Unidos. El Ministerio de Hidrocarburos de Venezuela, la estatal petrolera PDVSA y el Departamento de Energía no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios. No fue posible contactar a la ministra de Petróleo venezolana, Paula Henao, para obtener comentarios.
La regulación actual de hidrocarburos en Venezuela, que posee las mayores reservas de crudo del mundo, no incluye arrendamientos de áreas petroleras. La Constitución reserva las actividades principales de la industria al Estado. Una legislación petrolera recientemente reformada permite la operación de yacimientos petroleros mediante empresas mixtas y contratos de producción compartida. Durante décadas, a las petroleras extranjeras se les impidió acceder a las reservas de crudo del país. Si bien aún no se conocen todos los detalles del posible acuerdo entre Washington y Caracas, según los expertos, podría plantear interrogantes constitucionales y enfrentar desafíos legales. Chris Wright, secretario de Energía, planea viajar a Caracas la próxima semana según reportes de Axios. Axios informó por primera vez sobre las conversaciones el jueves y señaló que el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, planea viajar a Caracas la próxima semana.
Desde que Estados Unidos capturó al expresidente Nicolás Maduro en enero, Washington intenta asegurar un flujo estable de crudo venezolano para las refinerías estadounidenses. Al mismo tiempo promueve la inversión estadounidense en la deteriorada industria energética del país miembro de la OPEP, que actualmente produce alrededor de 1,25 millones de barriles diarios (bpd) de crudo. La administración del presidente Donald Trump se encuentra bajo presión de cara a las elecciones legislativas de noviembre debido al aumento de los precios de la gasolina. Ese aumento podría mitigarse mediante un suministro de petróleo más barato y una mayor producción. Estados Unidos también busca soluciones para reabastecer su Reserva Estratégica de Petróleo (REP), la mayor reserva de petróleo de emergencia del mundo. Incluye la posibilidad de intercambios de crudo con productores estadounidenses.(...)
Fuente: La Mañana de Neuquén
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