La importancia que ha cobrado el tema ambiental en el último tiempo tiene en aprietos no sólo al sector privado -como ocurre con Celco y el nuevo caso de derrame de petróleo en Mininco-, sino también a una importante entidad estatal: Enap. La petrolera mantiene desde hace muchos años un importante foco de contaminación en la isla de Tierra del Fuego.
El origen se remonta al proceso de perforación de pozos utilizado, antes de la vigencia de la ley ambiental de 1997, donde todo el material de sedimento, crudo, agua y elementos químicos que resultaron de la excavación eran depositados en una fosa que se construía a un costado del pozo. Se trata de más de un centenar de fosas o verdaderas piscinas llenas de crudo en el norte de la isla, que no cuentan con ningún tipo de relleno o impermeabilizante que impida la filtración o escurrimiento de los líquidos tóxicos. En un recorrido por la zona, "El Mercurio" pudo constatar que, incluso, en muchas de estas lagunas flotan tambores, tuberías y otros desperdicios.
En Enap reconocen la existen- cia de esos focos, que denomina "pasivos ambientales", dado que, como son anteriores a la regulación ambiental, no tienen un imperativo legal para remediarlos. Pese a ello, en la estatal advierten que de forma proactiva están desarrollando un plan para solucionar el problema. De hecho, aseguran que el año pasado se gastaron casi US$ 350 mil para terminar con diez fosas y este año se destinarían US$ 700 mil para cerrar los focos más delicados.
En la petrolera aclaran que sus estudios de impacto ambiental señalan que no existe una contaminación mayor, como cursos de aguas o napas subterráneas.
Pero hay otras visiones. Según estudios de ecologistas y ganaderos de la zona, estas piscinas negras sí amenazan seriamente las napas, flora y fauna de la región.
De hecho, están preocupados de que los mercados donde exportan los famosos corderos magallánicos peligren, dado que los animales beben agua en las fosas o, incluso, mueren ahogados.