
Una combinación de decisiones y señales que se dieron en el primer año de gestión arrojaron un resultado que refrendan los documentos oficiales: la Argentina produce cada vez más gas, un insumo tardÃamente valorado en el mundo, pero fundamental en la matriz energética local, y menos crudo, el más conocido de los hidrocarburos y habitualmente el que más les interesa a los hombres de negocios.
Esa tendencia quedó plasmada en la actividad petrolera de fines del año pasado. En el cuarto trimestre se produjeron 7.349 Mm3, que representan una caÃda de 5,8% respecto del mismo perÃodo del año anterior, según números del Informe Trimestral de Coyuntura Energética que hace el Ministerio de EnergÃa.
Si bien el dato es fácilmente explicable por la baja de los precios internacionales del crudo, no está ajeno a las rarezas. Sucede que en el kirchnerismo, un perÃodo que se caracterizó por la disminución progresiva de la extracción de hidrocarburos, la producción de crudo mostró mayor resistencia.
En el paÃs, la caÃda paulatina del denominado barril criollo sentenció los planes de inversión de las empresas, que ajustaron su producción a los proyectos más rentables. Es algo que se puede inferir fácilmente de las cifras oficiales.
El gas, en cambio, corrió otra suerte. Con más de un 50% de participación en la matriz energética doméstica y mayores dificultades para importar, es un producto de mayor relevancia estratégica para la Casa Rosada. Su producción alcanzó los 122,4 MMm3 diarios en el último trimestre del año pasado, con un aumento de 3,8% en comparación con el mismo perÃodo del año anterior. Tuvo incrementos interanuales en dos de las tres principales cuencas, como la Neuquina (4,6%) y la Austral (11,1%).
El aumento en la producción de gas tiene sentido económico. Mientras el valor local del petróleo cayó en el último tiempo porque el Gobierno eliminó el denominado precio sostén, Aranguren confirmó que mantendrá los subsidios al gas.
Fuente: Econojournal
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