
La noticia de la compra de los activos de Petrobras por parte del grupo Pampa Energía puede leerse de dos maneras: como la aventura de la empresa argentina que da el salto en el mercado petrolero o como la tumultuosa salida de una firma brasileña que deja un complejo legado en el país. Esta nota se inclinará por la segunda versión.
De la herencia de Petrobras, que en los próximos dos meses estará bajo control de una especie de comando conjunto, el punto más resonante es una deuda de unos 200 millones de pesos que reclama la provincia de Neuquén.
Se trata de dinero que el Estado demanda en concepto de Ingresos Brutos mal liquidados. Al igual que como hizo en Río Negro, la firma brasileña tributó por la venta de combustibles y no por la venta de petróleo, lo que implica una rebaja de facto de la alícuota en un punto y medio.
“Neuquén ordenó una revisión integral y saltó la diferencia. El tema está en la Justicia pero el derecho nos asiste”, confirmó una alta fuente del gobierno neuquino a este medio.
El tema fue motivo de largas discusiones entre la empresa y el Ejecutivo durante la gestión de Jorge Sapag y se mantiene en la de Omar Gutiérrez, con una nueva variante: Neuquén puso como condición para aprobar una condición no convencional en el bloque estrella de la compañía, Río Neuquén, que ese dinero se pague. También recuerdan que para autorizar la cesión que Pampa Energía piensa hacer a sus socios en ese bloque, YPF y Petrobras (que retendrá el 33%), también requieren autorización del Ejecutivo.
Más allá de la instancia legal, en el sector esperan que el tema se resuelvaantes del cambio de mano, aunque nadie arriesga cuál será la cifra definitiva. Recuerdan que así ocurrió en Río Negro, donde la firma brasileña saldó una deuda de unos 77 millones de pesos para conseguir la extensión de concesión de sus yacimientos.
La misma percepción tienen desde Pampa Energía. Los operadores de Marcelo Mindlin a cargo de la negociación están al tanto de ese eventual pasivo y creen que se resolverá antes de la transferencia definitiva de los activos. Por estas horas siguen con su estrategia para colectar los fondos definitivos (ver aparte).
Producción
No sólo el dinero fue un problema con Petrobras. Aunque su salida se aceleró por la megainvestigación del Lava Jato en Brasil y luego, una semana atrás, por la suspensión de Dilma Rousseff en medio de un cuestionado proceso legislativo, el cartel de venta lleva un par de años colgado.
Ese estado permanente de “aviso clasificado”, como lo definió con sorna un empresario petrolero a este medio, generó una virtual parálisis de las inversiones que terminó en una fuerte caída de la producción.
Sólo tomando el último año, los activos en la Cuenca Neuquina sufrieron una baja del 10% en la producción de petróleo. Se destaca la baja en 25 de mayo, su mejor bloque en la producción de crudo.
La del gas subió un 21% gracias al aporte de los pozos de Río Neuquén, yacimiento que Petrobras buscó poner en valor a conciencia de que era la joya oculta de sus activos. El resto de las áreas, especialmente El Mangrullo, se mantuvo estable.
Si se hace la comparación a más largo plazo, los números se distorsionan, porque la firma brasileña se fue deshaciendo de varios de sus activos en el país. Empezó por ceder Puesto Hernández, el principal yacimiento que manejaba en Neuquén. Luego vendió sus activos en las cuencas del sur a la Compañía General de Combustible del empresario Eduardo Eurnekian.
Pampa Energía se quedará con varios activos centrales que hoy maneja Petrobras. Además de las áreas petroleras, manejará la hidroeléctrica de Pichi Picún Leufú, la central térmica Genelba en Marcos Paz.
También es central la refinería de Avellaneda, que produce cerca del 6% de los combustibles del país pero que requiere fuertes inversiones para aumentar su capacidad de procesamiento.
Se suman dos petroquímicas y un complejo de derivados de crudo en Santa Fe, tres terminales de despacho de combustible y 256 estaciones de servicio, de las cuales 24 son propias.
Fuente: Diario Río Negro
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