
Si bien la responsabilidad histórica del cambio climático recae en los paÃses centrales junto a China e India, las economÃas periféricas no quedan al margen. El programa RenovAr desatendió variables relevantes a la hora de diagramar la descarbonización.
La crisis climática aceleró de manera irremediable una transición energética global que requiere el diseño e implementación de una estrategia nacional que afronte sus desafÃos ambientales pero también económicos, sociales y productivos.
Una transición energética es un cambio estructural en el sistema de abastecimiento y utilización de la energÃa. A diferencia de las transiciones del pasado, que surgieron como consecuencia de nuevas tecnologÃas y/o descubrimientos de recursos, la actual es una transición consciente para migrar del paradigma fósil, que fue tanto facilitador de la expansión del capitalismo global en los últimos dos siglos como causante del deterioro del medio ambiente.
Ahora se avanza hacia un régimen energético bajo o neutral en emisiones de carbono. Incluye a las energÃas renovables, la electrificación, el desarrollo de sistemas de almacenamiento, como las baterÃas de litio, y de vectores energéticos, como el hidrógeno, y una mayor eficiencia en el uso de la energÃa.
En transición Si bien la responsabilidad histórica del cambio climático recae en los paÃses centrales junto a China e India, que tuvieron un crecimiento vertiginoso en el último cuarto de siglo, los paÃses periféricos como Argentina no quedan al margen de la transición.
En primer lugar, las emisiones nacionales representan apenas el 0,7 por ciento del total mundial, aunque se colocan por encima del promedio global cuando son medidas en relación con el PBI y la población.
En segundo lugar, la Argentina adoptó distintos compromisos internacionales, entre ellos el Acuerdo de ParÃs, asumiendo su parte en materia de mitigación. El 53 por ciento de las emisiones nacionales provienen del sector energético, a partir de una matriz dominada en un 87 por ciento por los hidrocarburos, cercano al promedio mundial. La particularidad nacional es que la primera fuente es el gas natural, con el 54 por ciento del total.
El gas natural es el principal combustible utilizado en las centrales térmicas, las cuales cubren más del 60 por ciento de la demanda eléctrica nacional y que son secundadas por las centrales hidroeléctricas de gran escala. Si bien el gas natural es menos contaminante que la quema de carbón, una de las contribuciones nacionales en la lucha contra el cambio climático es el compromiso de una mayor participación de la generación eléctrica renovable que desplace a las centrales térmicas. (...)
Fuente: Página 12
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