El debate realizado a comienzos de septiembre en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Comahue tenía un título prometedor: “La cuestión energética y la petropolítica en Neuquén”. Los expositores fueron representantes del sector privado con amplia experiencia laboral en las operadoras, como el geólogo Miguel Ángel Solá, ex director de Planificación de YPF, y el ingeniero químico Raúl Parisi, quien participó por la YPF estatal en la elaboración del documento de diagnóstico energético del Banco Mundial, instrumento que luego serviría de base teórica para la desregulación de los `90. Ambos técnicos devinieron consultores en el presente. La academia local intentó contrarrestar con la exposición de Ernesto Bilder, economista con algunas publicaciones en materia petrolera. El representante propuesto por el Estado, Rubén Etcheverry, estuvo ausente con aviso.
LLAVE MÁGICA
La Mañana de Neuquén informó días pasados sobre algunos puntos del debate. Desde E&E interesa recuperar algunas de sus líneas conceptuales, pues más allá de sus limitaciones, en las ponencias contuvieron todos los tópicos centrales de la economía neuquina actual, entre ellos, la contracción tendencial de los recursos hidrocarburíferos, con sobreexplotación de reservorios e insuficiencia en la exploración, y la propuesta unidimensional del sector privado, que se concentra en la demanda por mayores precios como llave mágica para todas las soluciones. Dada la coyuntura y la dependencia de las regalías, el Estado provincial se limita al acompañamiento de las demandas de las empresas en materia de precios. Menos debatido fue el rol que podría jugar el Estado.
Para quienes representan los intereses de las operadoras, se presupone que la intervención pública debe limitarse a establecer reglas de juego estables en el largo plazo, bajo el presupuesto de que la mayor parte de la renta petrolera sea apropiada por las empresas. Sólo así la economía local podría competir con “otras geologías” que, vis a vis, ofrecerían una mejor relación renta total/extracción. El silogismo subyacente es “se invierte donde se gana más”. La visión alternativa, en tanto, apenas comenzó a esbozarse en el debate. Aunque en muchos países del mundo el Estado vuelve a hacerse cargo en forma directa de la explotación de los recursos hidrocarburíferos –el caso paradigmático luego de privatizaciones desastrosas fue Rusia– en la economía local la opción no forma parte del menú.
COMPARACIONES ODIOSAS
Los gráficos con tendencia a la baja de la producción (extracción) y reservas son un clásico de cualquier exposición sobre hidrocarburos. No por falta de creatividad de los expositores, sino porque se trata de la realidad sectorial más palpable. Sin embargo, entre las muchas bajas, en la exposición de Miguel Ángel Solá resultaron impactantes los números sobre la situación neuquina: sólo en 2009 la provincia perdió el 11% de las reservas comprobadas de gas y el 5,8% de las de petróleo. A ello sumó una comparación dolorosa desde la perspectiva local: la pérdida de relevancia de la cuenca neuquina versus la del Golfo. Entre 2001 y 2009 las reservas comprobadas de petróleo de la provincia de Neuquén pasaron de 131 a 53 millones de metros cúbicos, mientras que las de Chubut pasaron, en el mismo período, de 111 a 172 millones. La clave fue el agotamiento con sobreexplotación de Chihuido de la Sierra Negra versus la emergencia de Anticlinal Grande – Cerro Dragón.
TERMÓMETRO ROTO
Cuando se habla de reservas es necesario reconsiderar dos aspectos. El primero, que en 2006 la Secretaría de Energía de la Nación cambió la metodología de medición, lo que limita las comparaciones intertemporales. El segundo y más importante, del que se habla poco, es que las “reservas comprobadas” no son un concepto físico, sino económico. Como recordó Parisi, las reservas alcanzaron su tope en 1998 en el caso del petróleo y en 2004 en el caso del gas. La foto es que las privatizaciones dieron lugar a un crecimiento de las reservas en un marco de alta extracción y prácticamente nulo esfuerzo exploratorio. Una singular eficiencia privada. Lo que en realidad sucedió fue que con las privatizaciones los precios internos se homologaron a los internacionales. A mayor precio, muchos recursos se volvieron extraíbles y, automáticamente, las reservas de Argentina aumentaron en alrededor de 1/3.
EXPLORACIÓN VERSUS IMPORTACIONES
Parisi recordó que durante la gestión estatal de YPF se gastaban entre 450 y 500 millones de dólares anuales en exploración, suma que permitía que las reservas comprobadas no disminuyeran con la extracción. Actualmente, destacó, se gastan alrededor de 3.000 millones de dólares en importaciones y, según Asap, la Asociación Argentina de Presupuesto, este año se destinarán 9.530 millones de dólares a subsidios, de los que 2.550 millones irán a Cammesa (básicamente para el subsidio de combustibles para las centrales térmicas) y 750, a Enarsa. El mensaje del especialista fue que no hay recursos para la exploración, pero sí para subsidiar e importar.
DIVERSIFICACIÓN
Respecto de la diversificación de la matriz energética, el ex consultor del Banco Mundial sostuvo que en los últimos 35 años el porcentaje de energías “que no son hidrocarburos” se mantuvo constante. Agregó que desde los `90 no se registró ninguna inversión privada en energía hidráulica o nuclear. Sí, en cambio, se invirtieron recursos en la reconversión hacia el gas. En particular: 11 mil millones de dólares en las plantas para refinar el fuel oil que se liberaba en la reconversión de las usinas térmicas que pasaron a funcionar a gas.
MERCADO Y ESTADO
Luego del cuadro puramente descriptivo, tanto Solá como Parisi insistieron en que todos los problemas expuestos se solucionarían con mayores precios para las operadoras. La supersíntesis resultó llamativa, pues, por ejemplo, nada garantiza que mayores ingresos privados den lugar a mayor exploración. Antes bien, la historia reciente muestra que esta correlación no se produce. Con precios internacionales y desregulación, las empresas no exploraron. Adicionalmente, dado el cuadro existente en el momento que los analistas consideraron como punto de partida de la decadencia, la política posterior a 2001, parece evidente que el mercado por sí sólo no resultó un planificador eficiente. Dicho de otra manera, lo que parece faltar no son precios, sino política sectorial.
PRECIOS
La intervención del economista Ernesto Bilder planteó otro clásico de difícil resolución en un contexto de predominancia del mercado, como es afirmar que los precios de los hidrocarburos deben relacionarse con los costos de extracción. El economista, que optó por no mostrar números, detalló que entre los investigadores existiría “consenso” en que un costo de extracción promedio en la cuenca neuquina podría ser de alrededor de 20 dólares el barril. Dado que las operadoras de la provincia reciben en la actualidad más de 50 dólares por barril, se presupone una rentabilidad por encima del 150 por ciento.
Algo parecido, aunque más moderado, sucedería con el gas. El razonamiento tiene sus limitaciones. Por un lado el “consenso” para establecer los costos de extracción no parece el más riguroso de los métodos económicos. En este punto la academia tiene mucho trabajo pendiente. Por otro, seguramente las operadoras contestarán con el argumento de la “competencia geológica”, es decir, con el dato de que existen otras geografías más elegibles porque es posible obtener beneficios mayores al 150%.
CRISIS Y SUBSIDIOS
Más consistente fue la intervención de Bilder sobre el panorama post crisis de 2001. El economista aclaró que a partir de 2002 y hasta el presente la economía creció mucho y, en consecuencia, también lo hizo la demanda de energía. Frente al apocalíptico escenario de “crisis energética” descripto por quienes lo antecedieron afirmó que “el crecimiento no se detuvo por falta de energía”.
Sobre la pesificación de los cuadros tarifarios y los subsidios, duramente criticados por Solá y Parisi, explicó que se trató de una política de defensa del consumo interno que, adicionalmente, ayudó a que en los primeros años de la post convertibilidad la inflación fuese casi inexistente. En otras palabras, pesificación, congelamiento de tarifas y subsidios fueron una necesidad sistémica, no decisiones aisladas. Aquí fue evidente la diferencia de visión, casi de compartimentos estancos, entre la perspectiva de los intereses privados y la mirada desde la política económica global. Finalmente, luego de algunas respuestas al auditorio que reincidieron en los conceptos ya expuestos, el debate terminó antes de comenzar.
IDEOLOGÍA
Vistas desde la economía algunas afirmaciones de los expositores resultaron llamativas. Las definiciones más fuertes corrieron por boca de Parisi, quien se despachó diciendo que la crisis de 2001 fue “una crisis política que deriva en crisis económica”, un clásico de los apologistas de los `90. La inversión de sentido de esta afirmación es mayúscula. Es inevitable recordar que la sobrevaluación cambiaria de la convertibilidad demandaba un constante ingreso de capitales que se cubrió primero con las privatizaciones y luego con endeudamiento público. Cuando el endeudamiento sobrepasó su límite el régimen se desmoronó. Sostenerlo hasta el final provocó una gigantesca fuga de capitales que licuó las reservas del Banco Central y devino luego en el corralito bancario.
Ningún esquema político podría haber sostenido semejante desbarajuste. Luego, Parisi afirmó que la actual política es “consumidora de stocks”, no sólo de petróleo y gas, que es de lo que se estaba hablando, sino “de recursos de los jubilados, de reservas del Banco Central”. Aquí el especialista fue primero en contra de sus afirmaciones en materia de medición de reservas comprobadas y luego mostró no tener información sobre la evolución creciente tanto de los fondos previsionales como de las Reservas Internacionales, incluso en un marco de desendeudamiento.
Fuente: Diario La Mañana Neuquén
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