
El contacto con el gobierno de Jorge Sapag se realizó directamente desde Estados Unidos. G&P está asociada con la estatal nacional Enarsa para desarrollar otro bloque, que tiene ya una perforación, financiada por el gobierno central, que arroja, por ahora, una producción diaria de 400 barriles de petróleo y 700.000 metros cúbicos de gas, que seguramente tenderán a declinar con el paso de los dÃas y los meses (si no lo hace, el hallazgo serÃa doblemente interesante). Lo que comunicó el gobierno neuquino es que el reservorio podrÃa contener 500.000 barriles de petróleo y 1.000 millones de metros cúbicos de gas. Pero mucho antes de que se perforara este pozo, Shell se puso en contacto con la administración de Jorge Sapag para realizar una oferta de exploración de gas no convencional en esa misma área, que tiene 266 kilómetros cuadrados.
La información trascendió de fuentes oficiales porque la empresa mantiene la carta de intención en reserva, en cumplimiento de cláusulas que asà lo determinan. Los contactos fueron entre el presidente de G&P, Rubén Etcheverry, y el gerente de Shell de Nuevos Negocios para América, con sede en Houston, Randolph Hiscock; el gerente de desarrollo de Nuevos Negocios de Shell México, Julio Ledesma; y otros dos ejecutivos con decisión sobre asuntos en América latina, Maximilian Hardie y Rick Goenner. Firmaron dÃas atrás con G&P un acuerdo de confidencialidad para acceder a los estudios que la empresa estatal hizo en la zona. En los próximos meses Shell presentará un programa de inversión. Las expectativas son grandes, ya que para perforar un solo pozo en arenas o arcillas compactas (tight y shale gas) se necesitan no menos de 10.000.000 de dólares.
Lo novedoso del interés de Shell es que la compañÃa solo tuvo una pequeña experiencia en materia extractiva en Argentina (en el paÃs solo refina y comercializa combustibles y lubricantes) en el norte argentino, pero que fue rápidamente abandonada. La presencia de Shell como refinador y comercializador de combustibles lÃquidos estuvo signada en los últimos años por los enfrentamientos con el gobierno nacional. La empresa viene haciendo punta en la aplicación de aumentos de los precios en los surtidores con el argumento de que, al no tener producción propia, depende de las compras a las petroleras que, a su vez, no tienen procesamiento de crudo.
Tuvo dos puntos de alta tensión esa relación: la primera fue cuando Néstor Kirchner, siendo presidente, dijo que a Shell no habÃa que comprarle ni una lata de aceite; y la última, cuando el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, frenó el aumento de las naftas y amenazó con sanciones, en 2010. La contraparte es Juan José Aranguren, el máximo ejecutivo de la compañÃa en nuestro paÃs. Pero se trata de una empresa de grandes dimensiones, con 100.000 empleados directos en todo el mundo, que maneja su área de exploración y producción de manera independiente de sus negocios en destilerÃas y estaciones de servicios.
Fuente: Diario RÃo Negro
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