
Hasta finales de los 90, el litio ocupaba un lugar periférico en el imaginario industrial que esencialmente se vinculaba con el sector nuclear de los Estados Unidos. Es que, hasta ese momento, y durante décadas, el Gobierno norteamericano compró grandes cantidades del mineral -identificado en la nomenclatura quÃmica con el sÃmbolo Li y el número atómico tres- para resguardar la operatoria técnica de sus centrales nucleoeléctricas.
El Departamento de Estado lo consideraba un mineral estratégico, por lo que acopiaba un poderoso inventario de hidróxido de litio en depósitos militares. La otra lÃnea histórica de la demanda provino del segmento de cerámicas y vidrios, que todavÃa lo consume como fundente reforzado en sus variables de disilicato y ortofosfato.
Para ese entonces, los smartphones eran todavÃa una ensoñación de las compañÃas de tecnologÃa, y los vehÃculos hÃbridos y eléctricos no estaban presentes en la agenda prioritaria de las terminales automotrices. Cuando, en 1998, la administración de los Estados Unidos decide degradar la categorÃa del mineral y no considerarlo más como insumo estratégico, su precio se desplomó, lo que obligó a cerrar varios proyectos extractivos a nivel global.
Casi 20 años después, su realidad es completamente distinta. El litio, el mineral más liviano del planeta, vive hoy una especie de boom con precios que se elevaron casi un 50% en los últimos tres años. El valor de la tonelada de carbonato, el derivado que se utiliza para fabricar baterÃas de iones de litio para equipos electrónicos, autos eléctricos y fuentes de almacenaje de redes inteligentes de energÃa (o smart grids), registró el año pasado picos cercanos a los u$s 18.000, el triple que en 2014, cuando promedió los u$s 5.050. En 2016, el valor medio fue de u$s 7.450.
En ese contexto, la Argentina juega un rol protagónico en la pelÃcula que promete la llegada de una fiebre por el litio. La razón puede cuantificarse: un 17% de las reservas certificadas del mineral se encuentran en el territorio nacional, fundamentalmente en provincias del NOA como Salta, Jujuy y Catamarca. El triángulo del litio se conforma con Bolivia y Chile, que cuentan con un 30% y 21% de los depósitos comprobados, respectivamente.
Sobre la base de ese guiño de la geologÃa, la actualidad conjuga elementos sólidos que dan cuenta de un escenario de crecimiento de la minerÃa de litio en el paÃs. (...)
Fuente: El Cronista
468 lecturas | Ver más notas de la sección MinerÃa