La ceremonia contó con la presencia del intendente Martín Buzzi y enviados de empresas petroleras que operan en la región. El Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, Seccional Sur (IAPG) rescató un sitio histórico de Comodoro Rivadavia vinculado a las energías. Sobre la ruta provincial 39 se descubrió una copia de la placa y se volvió a izar la bandera en el mástil original sobre un monolito en cercanías de la cabecera del mayor gasoducto del país y de Sudamérica. Hay que recordar que la “espina dorsal energética argentina” fue inaugurada en 1949 para transportar gas natural del país y de Sudamérica que unía Comodoro Rivadavia con Buenos Aires. Autoridades del IPAG y el intendente municipal distinguieron a quien en vida fue uno de los impulsores de la actividad gasífera en la Patagonia, como el ingeniero Eduardo Rocchi. La plaqueta fue recibida por su hija Julieta.
HISTORIA DEL GASODUCTO
La obra comenzó el 21 de febrero de 1947 con 1.700 kilómetros de longitud y 273 milímetros de diámetro. Dicho gasoducto se convirtió por su extensión, en la segunda obra de importancia en el mundo. El mérito de aquel grupo de argentinos que aceptaron el desafío fue, en el contexto de post guerra mundial, concretar un proyecto tan ambicioso en una época de precarios recursos, con falta de experiencia nacional en la materia, con grandes dificultades de aprovisionamiento a nivel internacional. El promedio de avance de la obra fue de 3 kilómetros diarios, extraordinario por entonces debido al empleo de moderna maquinaria que suplió las excavaciones y movimientos de tierra manuales. El periodismo internacional consideró un verdadero récord el ritmo de avance de este gasoducto.
En su gran mayoría el personal obrero eran peones rurales que, acostumbrados a las tareas manuales y contribuyeron en gran medida a la eficacia de la tarea al complementar las soluciones en aquellos casos que los equipos mecánicos no resolvían. Los obreros eran todos argentinos, sin ninguna intervención extranjera, tanto para la elaboración del proyecto como en la construcción de la línea. Recorrieron suelos pedregosos y rocosos, médanos, terrenos bajos y cenagosos, cruzaron ríos, soportaron temperaturas de 15 grados bajo cero hasta 50 grados al sol o el viento. Superaron los escollos con tenacidad, voluntad y capacidad. Se preservó el contacto con las familias y los campamentos ofrecían las mayores comodidades posibles para la época.
El bienestar y la atención del personal fue una preocupación para la Dirección de Obra. No se registró un solo accidente de proporciones. Se trabajó con el máximo de responsabilidad y seguridad. La “espina dorsal energética argentina” tuvo un costo de 150 millones de pesos moneda nacional. El gasoducto, con tubos de 6 milímetros de espesor, fue diseñado para una presión de 70 cm3 y una capacidad de transporte de1 millón de m3/día con una reserva del 20% previendo futuras ampliaciones. En un momento de escasez mundial fueron necesarios 170.000 tubos de acero. En homenaje al autor y ejecutor del proyecto, la Planta Compresora de Comodoro Rivadavia se denominó “Ingeniero Canessa” a quien el entonces presidente Juan Perón autorizó con una carta donde valoró la obra como “el sueño de su vida”, en relación al ingeniero Julio Canessa.
Fuente: El Patagónico
643 lecturas | Ver más notas de la sección Actualidad