Las autoridades brasileñas identificaron varios lugares en la Amazonia brasileña, fronterizos a Bolivia, donde se podrÃan construir siete hidroeléctricas, para llegar a generar 14.245 megavatios de potencia.
El proyecto más avanzado, que comenzó ya a construirse, es el de la Central de Santo Antonio que, junto a la de Jiraú, forma el Complejo del RÃo Madeira, ubicado cerca de la frontera con Bolivia y que generará 6.450 megavatios.
Las represas de Jirau y Santo Antonio que Brasil construye sobre el rÃo Madera pueden afectar el sustento de unas 16 mil familias bolivianas, que viven de la pesca artesanal, al tiempo que aumentarán los riesgos de inundaciones, según advirtieron cientÃficos de cinco paÃses reunidos en La Paz.
ESTUDIO TECNICO
Un estudio de la Agencia Brasileña de EnergÃa Eléctrica (Aneel) prevé que se podrÃa construir tres centrales hidroeléctricas en el rÃo Tapajós y otras cuatro en el cauce del Jamanxim, ambos en el estado de Pará, en el Este de la selva amazónica.
Estas siete represas aportarÃan el 13,6 por ciento de la capacidad de generación hidroeléctrica actualmente instalada en el paÃs y también exigirÃan anegar un área equivalente a 3.021,79 kilómetros cuadrados de selva.
CENSURA
La implementación de los proyectos hidroeléctricos brasileños en la región amazónica, es criticada desde diversos sectores, por los posibles daños al ecosistema que las plantas generen y afectará a miles de familias.
EFECTOS
Las represas de Jirau y Santo Antonio que Brasil construye sobre el rÃo Madera pueden afectar el sustento de unas 16 mil familias bolivianas que viven de la pesca artesanal, al tiempo que aumentarán los riesgos de inundaciones, según advirtieron cientÃficos de cinco paÃses que se reunieron en La Paz.
AsÃ, las principales preocupaciones de los cientÃficos de Bolivia, Brasil, Ecuador, Estados Unidos y Francia, giraron alrededor de la sensibilidad del Norte amazónico boliviano, con relación a las represas y la necesidad de mejores evaluaciones para la generación de energÃa sustentable a favor de esa región.
De hecho, se sabe que el 80 por ciento de los peces amazónicos bolivianos son migratorios y algunas especies que tienen importante valor comercial y de subsistencia podrán ser afectadas. Dentro de los posibles impactos está la reducción gradual de la pesca, la cual puede afectar por lo menos a 16 mil familias bolivianas que actualmente viven de esta actividad.
Fuente: El Diario
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