El gasoducto y la compra de gas boliviano permitirían llegar con gas natural a las provincias argentinas Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones y Entre Ríos, que conforman la única región de Argentina que no está “gasificada”. El trazo del GNEA data de la década de los 70, del siglo pasado, años en los que la geopolítica gasífera argentina estaba en su zenit. Una vez que el contrato de venta de gas YPFB - Gas del Estado (GE) funcionaba con la precisión de un reloj suizo, el otro gran proyecto era introducir gas natural al Brasil. Para este fin, el brazo operativo de la política gasífera argentina, GE, planeó comprar gas boliviano y transportarlo por las provincias del noreste argentino. El trazo era ambicioso e imaginativo porque corría en una dirección sudeste paralelo a la frontera argentino–paraguaya, hasta Formosa, de ahí con dirección sur hasta Santa Fe.
Llevaba gas a las provincias argentinas del noreste, pero el plan maestro era contar con un gasoducto que con dos o tres ramales permitiera abastecer al Paraguay y Uruguay, y abrir la puerta al gran mercado brasileño ingresando por Porto Alegre. Esta apertura iba a ser reforzada con volúmenes del sur argentino permitiendo llegar a Sao Paulo. Este plan fue dado a conocer en la Conferencia Mundial de la Energía en Múnich el 1980, suscitando la denuncia y protesta de este autor que al igual que otros personeros de la industria petrolera nacional considerábamos el acceso del gas boliviano al mercado brasileño un Objetivo Nacional Permanente (ONP) a ser logrado directamente sin ningún intermediario comercial o territorial. El ONP fue logrado constituyendo una de las pocas batallas geopolíticas que hemos ganado.
La posibilidad de construir el GNEA revivió con el Anillo Energético. Esta vez gas de Camisea adquirido por Argentina para comercializarlo en Paraguay, Uruguay y el sur del Brasil. El Anillo Energético está en las congeladoras de las cancillerías de los países del Cono Sur, excepto en la Argentina. Nuestro vecino del sur está con un gravísimo problema energético. Su consumo anual es casi dos TCF de gas y cuenta con una reserva que según los optimistas llega a ocho TCF y según otros, sólo a seis TCF. Por razones que no son materia de esta nota, pero muy parecidas a las nuestras, Argentina, país exportador de gas y petróleo, está condenado por varios años, a importar gas y petróleo. Las soluciones han sido importar LNG y el contrato de compra-venta firmado entre Evo y Fernández de Kirchner para comprar gas boliviano y construir el GNEA.
Con ese estilo populista que los caracteriza, el matrimonio Kirchner justifica la compra y la construcción del gasoducto solamente para abastecer las provincias del noreste y no como una solución parcial a la grave disminución de reservas y producción de gas para su país. Eso no es correcto. El GNEA no es sólo para el consumo de algunas provincias, está destinado a ser un canal de abastecimiento nacional. Este gasoducto es muy resistido por otros círculos en la Argentina, que conscientes de la grave situación de reservas, desconfían que la producción boliviana pueda estar presente oportunamente, favoreciendo incrementar la importación de LNG y que la inversión para el GNEA pueda ser utilizada en construir instalaciones regasificadoras permanentes en Bahía Blanca. Los tiempos han cambiado, Brasil cuenta con producción propia y estamos encaminados a ser abastecedores marginales.
Con Argentina es diferente. Enfrentar su problema de agotamiento de reservas de gas, decidiendo desgasificar su consumo a niveles razonables, le tomara más de una generación el lograrlo. Durante ese tiempo, las importaciones de gas serán imprescindibles. Los precios del LNG volverán a ser prohibitivos cuando termine la crisis económica y el único proveedor por gasoductos sería Bolivia. El GNEA y el sistema de norte argentino nos proporcionarían dos puertas de ingreso a ese mercado que será de gran volumen por largo plazo. Además, como se planeó en el pasado, 2 o 3 cortos ramales podrían servir para abastecer Paraguay y Uruguay. En esta forma podríamos retomar nuestro legítimo rol de abastecedor regional.
Fuente: Los Tiempos
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