
El especialista advirtió que es un error considerar Vaca Muerta la única alternativa para recuperar el autoabastecimiento de petróleo y gas. Adelantó que el desequilibrio de la balanza energética continuará a mediano plazo. Y abogó por un diagnóstico realista que contemple una explotación más eficiente de campos convencionales y el desarrollo de fuentes renovables de energía.
Daniel Kokogian fue uno de los primeros ejecutivos del sector en señalar la necesidad de incentivar el ingreso de nuevos jugadores al upstream local de hidrocarburos para optimizar la explotación de las cuencas productivas de la Argentina, en especial de las que ya ingresaron en su etapa de madurez.
Con experiencia en compañías norteamericanas, el geólogo –que hoy ocupa un lugar en el Directorio de CGC, la petrolera que controla Corporación América, el holding de Eduardo Eurnekian– suele trazar un paralelismo entre la cuenca de Alberta, en Canadá, y la Neuquina.
La geología de una y otra es similar –sostiene–, pero mientras en la primera existen cerca de 2.000 petroleras de diferente envergadura (majors, medianas y pequeñas), que llevan adelante una eficiente explotación de los recursos petroleros, la segunda no cuenta con más de 40 empresas operadoras, de las cuales seis o siete concentran el 80% de la producción de petróleo y gas.
El incremento de la inversión requiere –en su opinión– que se sumen nuevos players a la industria. Si esa visión aplica para los campos convencionales, se torna imprescindible para los no convencionales. Hasta que eso no suceda, la base de sustentación para proyectar una explotación viable de Vaca Muerta será endeble. Desde su óptica, sobreestimar el potencial del shale oil y el shale gas de Neuquén puede traer aparejados serios contratiempos.
“Desde los distintos espacios políticos basan sus pronósticos en torno a la posibilidad de recuperar el autoabastecimiento hidrocarburífero en función del potencial de Vaca Muerta. Sin embargo, a juzgar por los resultados de los primeros 400 pozos perforados en esa formación geológica, nada indica que el proceso vaya a resultar tan fácil, y mucho menos con un final exitoso inexorable a corto plazo”, advirtió Kokogian, con pasado en petroleras de peso como Chauvco Resources International, Pioneer Resources y Petroandina Resources, entre otras.
FUERA DE AGENDA
A su entender, es paradójico que, aunque el tema energético es de importancia vital para el futuro del país, haya pasado prácticamente desapercibido en la agenda de los candidatos presidenciales. “En algunos casos, el mensaje que se comunica a la sociedad es muy confuso y, en ocasiones, decididamente equivocado”, lamentó.
Kokogian entiende que el carácter eminentemente técnico del tema impide que sea comunicado de manera precisa y correcta. “Pero aun así hay incorrecciones son de todo tipo y nivel; algunas casi folclóricas, como las que sostienen que Vaca Muerta es un yacimiento, un pozo o una zona geográfica de Neuquén, y otras más preocupantes y peligrosas, como las que aseguran que Vaca Muerta cuenta con inmensas reservas de gas y petróleo, que servirían para abastecer el consumo de gas del país por 400 años”, consideró.
“Parece que nuestros candidatos hacen un interesante ejercicio de voluntarismo más ligado a lo que la opinión pública quisiera oír que a los fundamentos rigurosos de la explotación de este objetivo no convencional”, añadió.
DESAFÍO
El gran desafío de Vaca Muerta –al igual que el de otras formaciones no convencionales– está dado por la complejidad de transformar sus recursos de petróleo y gas en reservas. “Ni más ni menos que eso, producir gas y petróleo de manera rentable. ¿Será una tarea sencilla?”, se preguntó el especialista. “En absoluto. Será difícil, duro y requerirá la confluencia de varios factores: humanos, técnicos, de infraestructura y obviamente económicos y políticos. Y estos últimos mencionados quizás sean los que definan el éxito o el fracaso rotundo del emprendimiento”, enfatizó.
Conviene, en esa dirección, estudiar la tan mentada revolución del shale en Estados Unidos, que “supuestamente proveerá gas y petróleo baratos por décadas según Wall Street”. El punto de partida debería ser lo que está ocurriendo con el mercado mundial del crudo.
“El shale oil es sustentable con precios altos, bien altos del barril. Tan pronto la cotización decrece, los primeros jugadores en quedar fuera de competencia son, precisamente, los productores muy volcados a los no convencionales. Nadie debiera sorprenderse de esta situación, salvo inversores ingenuos y desinformados, pues nunca una energía proveniente de reservorios más pobres, con pozos más caros, podría ser más económica que la de reservorios convencionales. Al menos, hasta que alguna nueva ruptura de paradigmas técnicos permita una brutal disminución de costos”, señaló Kokogian.
“Y esto es así, aun en el lugar del planeta (Norteamérica) donde los recursos financieros son abundantes, a tasas ridículamente bajas; y, por qué no decirlo, existen capitales especulativos dispuestos a hacer ganancias a fuerza de engañar incautos”, agregó.
PLAN ENERGÉTICO
Frente a este contexto, todo indica que la Argentina podría seguir en una situación como la actual por un tiempo considerable. “Hemos perdido el autoabastecimiento de gas y nada indica que lo podríamos lograr nuevamente en el corto plazo. Los no convencionales deberían ser evaluados como una opción más para seguir avanzando en la incorporación y el desarrollo de nuevas reservas, pero por el momento parecería no ser conveniente ni prudente considerarlos la única alternativa. Es erróneo hablar de la Vaca Petrolera”.
De la fotografía actual se desprende que existe una tremenda dependencia hacia los hidrocarburos no renovables, muy especialmente el gas. ¿Es bueno? ¿Es malo? “Depende. No somos el único país del mundo con esa estructura de su balanza energética. Es verdad que somos de los de mayor incidencia del gas en la ecuación, y allí sí podemos identificar un problema a resolver; pues no sólo hemos perdido el autoabastecimiento de gas hace unos años, sino que no se vislumbra que podamos volver a la situación de abastecernos con lo producido internamente en el corto plazo. Tampoco en el mediano y quizás no se logre tampoco en el largo. ¿Es una catástrofe? De nuevo, depende. No seríamos el único país del mundo que importe energía”.
Lo verdaderamente importante es que la sociedad y muy especialmente su clase dirigente comprendan claramente la situación y actúen en consecuencia. Es decir, que definan un Plan Energético para décadas y no para la semana que viene”, destacó el especialista. “Y mientras tanto, no estaría nada mal investigar e implementar acciones que tiendan a tener una matriz energética un poco más balanceada, no tan volcada al petróleo y el gas”, concluyó.
Fuente: Revista Petroquímica
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