
¿Qué va a pasar con Miguel Galuccio? La pregunta se repite entre los cientos de llamadas, mesas de café y encuentros furtivos entre mujeres y hombres del sector energético. La tranquilidad posbalotaje que muchos esperaban aún no llegó. La transición gubernamental, que avanza cargada de tensiones, se replicó en las oficinas de YPF, donde los empleados más antiguos dicen estar ante un escenario inédito: "Pasamos de todo, privatizaciones, cambios de gestiones, estatizaciones, pero jamás un cambio de gobierno", razonan. La cultura corporativa choca de lleno con la política más rasa y los límites a menudo se desdibujan. La petrolera más grande del país se convirtió en una caja de resonancia del escenario nacional. La pregunta con la que comienza esta nota sólo la pueden responder dos personas: Mauricio Macri y el propio Miguel Galuccio.
Fuentes cercanas al macrismo duro aseguraron a este medio que el electo presidente está decidido a dejar al ejecutivo en su cargo. Incluso arriesgan que habrá algún tipo de señal en los próximos días. Pero primero tiene que resolver las tensiones internas. Su nominado ministro de Energía, Juan José Aranguren, mira con mucha desconfianza al actual CEO de YPF.
También lo hacen varios ejecutivos de petroleras privadas que empujaron al presidente de Shell Argentina hacia ese asiento, cuya real gravitación en el sector aún está por verse. El principal despacho del piso 32 de la Torre Madero es una codiciada presa de disputa.
Las mismas fuentes arriesgan que se buscará un esquema de "poder compartido" que convenza a todas las partes. Más allá de los egos, los arquitectos del macrismo saben que sacar a Galuccio de su cargo es ganarse un doble problema. Por un lado, la transición dejaría en una parálisis la empresa y le sumaría al gobierno entrante otro foco de conflicto. Por el otro, no hay un reemplazante natural para el actual conductor de la empresa, cuya imagen es buena en el mundo petrolero fronteras afuera, una de las fuentes de dólares más a la mano para el nuevo gobierno.
Pero no sólo Macri tomará la decisión. Galuccio juega al misterio por estos días. Hace algunas semanas ya había asegurado a "Río Negro" que su futuro dependía del próximo presidente pero también de él. Su continuidad está atada a las condiciones que le imponga el nuevo gobierno. Y será clave en este sentido la conformación del nuevo directorio, que será el que apruebe el plan de inversiones 2016 para la compañía. T
odo lo bosquejado hasta aquí anticipa, tal como adelantó este medio hace algunos meses, un ajuste del 20% que ya está siendo comunicado a los proveedores y a los gremios. Pero Galuccio intenta amortiguar el impacto: un presupuesto esquilmado lo obligaría a bajar equipos y dejar gente en la calle. El ejecutivo, uno de los padrinos de Vaca Muerta, no quiere pasar a la historia como el hombre que arrancó el ajuste. De la resolución de esas tensiones también dependerá su futuro.
Hay varios puentes tendidos entre el macrismo y Galuccio. En las últimas horas se menciona mucho a Nicolás Gadano, asesor de YPF y "galuccista" de primera hora. Hombre de Ernesto Sanz y con excelente llegada al Pro –trabajó en el Banco Ciudad con Federico Sturzenegger, aunque luego se distanciaron– podría ser un nexo para facilitar esta nueva etapa.
La vicepresidenta de Relaciones Institucionales, Doris Capurro, parece estar más cerca de la salida. Algo curioso, si se considera su muy cercana relación con Mauricio Macri. "Capurro es una especie de madrina de muchas de las figuras en ascenso, como Marcos Peña", recordó un operador político en estos días. Sin embargo, su amistad con Cristina Kirchner y su rol activo en la campaña de Daniel Scioli la dejan en un lugar incómodo, aunque siempre activo.
Esta semana circuló también una versión sobre la posible presencia de Daniel Montamat como una suerte de contrapeso dentro de un comité ejecutivo mixto de YPF. Los exsecretarios de Energía, críticos del gobierno nacional pero también del rumbo de los negocios de YPF, se anotan en la lista.
Barril devaluado
Más allá de los avatares de YPF, el gobierno entrante tendrá que definir si seguirán o no las políticas de incentivo a la producción de crudo y gas. Aranguren se mostró a favor de ambas medidas en reiteradas ocasiones, aunque por su perfil siempre aclara que sería deseable unificar el precio con el internacional.
Pero más importante que el precio del barril será el tipo de cambio futuro y el eventual pase de una devaluación a los precios de combustibles. Muchos creen que el macrismo buscará evitar la disparada de precios en los surtidores y la variable de ajuste será, justamente, el barril criollo.
Fuente: Diario Río Negro
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