
Un trabajador petrolero hace dedo en la madrugada, en las afueras de Añelo, el pueblo que más creció demográficamente desde que en 2008 se "descubrió" Vaca Muerta y su potencial para extraer petróleo y gas no convencional. Se la llama "la Capital de Vaca Muerta" o "el pueblo de la plata dulce" por el que pasan por dÃa más de 20 mil personas.
En una década pasó de tener 2.500 a más de 8 mil habitantes fijos. En una ciudad donde recién este año se plantearon asfaltar el casco céntrico, era de esperar que no pudiesen dar respuestas a las demandas de los miles de recién llegados (y no todos con trabajo, o muchos con empleo precario). "Los problemas habitacionales y de transporte son una constante en la zona", comenta Pablo Piovano. A la falta de acceso a la vivienda se le suma la escasez de servicios. Por ejemplo, el gas. Justo en la capital de Vaca Muerta.
Celina Elena Campo delante de un “venteoâ€, el fuego que sale de un pozo de gas. "En esta tierra, en la comunidad Campo Maripe, antes habÃa pájaros y diferentes animales silvestres. Ya casi no se ven", relata Piovano.
A esa situación se le suma el deterioro de las economÃas regionales (esenciales para las poblaciones originarias) en detrimento del "oro negro" que todo lo acapara en la zona. Y la proliferación de basurales ilegales y emanaciones de gases tóxicos, imágenes cotidianas a la vera de las rutas.
Procesión en el dÃa de San Cayetano. Familias llegan de todo el paÃs y también del extranjero con la esperanza de conseguir trabajo en la industria petrolera.
Fuente: Tiempo Argentino
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