
Sin embargo, solo una de cada tres logra llegar a la segunda generación. Menos del 20% cuenta con un plan formal para atravesar el proceso sucesorio. Esto no implica únicamente encontrar quien ocupe el lugar del fundador, sino también profesionalizar la estructura y distribuir responsabilidades para que la empresa siga funcionando más allá de quién la creó.
Nacer hijo de inmigrantes en el sur del conurbano bonaerense; estudiar y convertirse en la primera generación universitaria de la familia; emprender junto a amigos, colegas o hermanos; fundar una empresa; atravesar crisis económicas, hiperinflación, devaluaciones y cambios de modelo; generar empleo y abrirse camino en una industria de alta complejidad. Cumplir 60 años y descubrir que la empresa de toda una vida no puede sobrevivir sin vos.
En esta historia podrían verse reflejadas miles de empresas familiares que conforman el grueso del entramado productivo nacional. Específicamente, las empresas familiares representan alrededor del 80% del entramado argentino, generan cerca del 70% del empleo privado y aportan aproximadamente el 60% del PBI nacional. Sin embargo, solo una de cada tres logra llegar a la segunda generación, según un análisis que reúne datos del Instituto Argentino de la Empresa Familiar (IADEF) y del estudio Insight 21 de la Universidad Siglo 21.
Otro dato del IADEF es que menos del 20% cuenta con un plan formal para atravesar el proceso sucesorio. Esto no implica únicamente encontrar quien ocupe el lugar del fundador, sino también profesionalizar la estructura de la organización y distribuir responsabilidades para que la empresa siga funcionando más allá de la persona que la creó.
“Normalmente la empresa para los fundadores es casi un hijo más, sino el primero”, explicó e EconoJournal Pablo Loyola, presidente del IADEF. Para el especialista, aquel que crea una compañía suele construir su identidad alrededor de ella: “Yo soy porque soy alguien en esta empresa. Imaginarse fuera es toda una pregunta existencial: ‘¿qué hago después?’”.
Del otro lado aparecen las nuevas generaciones, con diferentes formas de entender el trabajo. Es en esa convivencia donde comienzan muchos de los conflictos. Según Loyola, alrededor del 70% de las empresas familiares que desaparecen lo hacen por cuestiones ajenas a la coyuntura económica o de mercado. “Simplemente porque no se ponen de acuerdo”, afirmó.
Fuente: Econojournal
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