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Caños congelados y accidentes domésticos: radiografía de una ciudad azotada por una ola de frío extremo

06/07/2020 | ARGENTINA | Actualidad | 728 lecturas | 145 Votos



Río Grande, en Tierra del Fuego, sufrió la seguidilla de una ola polar más fuerte en los últimos 15 años. Qué costumbres se vieron alteradas, cómo se preparan los vecinos para afrontar temperaturas inferiores a los 15º bajo cero.




Cómo hacen los barrios más humildes para sobrevivir al frío Joaquín Cavanna. A lo largo de la última semana de junio, los vecinos de la zona más humilde de Río Grande, en Tierra del Fuego, sufrieron cortes programados y de varias horas de duración del suministro de agua. No fue un desperfecto ni un accidente. Simplemente el frío extremo. En los últimos 15 días, la ciudad padeció el azote de la ola polar más fuerte en sus últimos 15 años. La temperatura llegó a los 15 grados bajo cero con una sensación térmica de -20º. Centenares de hogares, los más humildes, cuentan con instalaciones precarias del sistema de conducción hídrica. 

Los caños están demasiado cerca de la superficie y, ante temperaturas tan extremas, suelen congelarse. Ante ese escenario, miles de vecinos de Río Grande optaron por dejar correr el agua de la canilla durante las 24 horas del día. Es la lucha doméstica contra el congelamiento. Pero esa metodología tuvo consecuencias estructurales preocupantes. El tanque cisterna que provee de agua a la zona más humilde de Río Grande, llamada la Margen Sur, perdió tanto caudal que casi cae por debajo del límite mínimo aconsejado, antes de que se puedan generar daños en la planta potabilizadora El Tropezón. Por eso, desde el Municipio de Río Grande se optó por los cortes programados: la intención es que la cisterna recupere el nivel de agua y que los vecinos interrumpan su práctica de dejar correr el agua. 

“No recuerdo cuándo fue la última vez que sufrimos un frío como este, realmente. Y cuando llega algo así, medio que estamos acostumbrados, pero nos vemos obligados a cambiar por completo algunas de nuestras rutinas. Todo requiere de un esfuerzo mayor”, le aseguró a Infobae José Cerdán, 58 años, jubilado, quien vive en una modesta casa de madera junto a su esposa Margarita Beatriz Vega y a la menor de sus cinco hijas, Naiara (16), en la calle Juárez Celman y Almafuerte. 

El último jueves, Cerdán y su yerno Facundo se pasaron seis horas en el medio de la intemperie intentando descongelar uno de los caños que proveía el agua a su domicilio. “Esta casa la compré hace un año y medio y la cañería no era muy buena. Están apenas a 70 cm, cuando tendrían que estar por abajo de 1.20 m de profundidad. Fue un sufrimiento. 

El frío de la escarcha penetra y penetra duro. Tuve que usar palas y una barreta para llegar al caño y recién ahí pude empezar a calentar el caño: le tiré agua caliente y del caño salían rolitos de hielo”, contó. Cerdán llegó a Tierra del Fuego en 1988. “Vengo de Alejandra, provincia de Santa Fe. En esa época, a los del Norte nos prometían trabajo y cuando llegábamos acá todo se desvanecía. Me habían dicho de trabajar en YPF, pero apenas llegué vino la privatización y quedé patas para arriba. Viví todos estos años en Tolhuin y hace un año y medio nos vinimos a Río Grande, para acompañar a nuestra hija de 16 años con sus estudios de danza clásica. Queremos que se dedique a eso”, detalló. El congelamiento de los caños de agua es un clásico de las heladas en Tierra del Fuego. Por eso,se apela a los recursos más inesperados. 

El uso de pistola de calor o en su defecto hasta a de los hogares. Sin embargo, también hay vecinos que hasta intentan calentar las tuberías con secadores de pelo. Otra táctica es la de prender una fogata en tachos, con el fin de calentar la tierra y ayudar al descongelamiento de los caños que yacen debajo de la misma. Las imágenes de los autos atrapados en el hielo, de las caminatas sobre el agua congelada de la Laguna de los Patos, de las olas “petrificadas” y de la orilla del mar congelada recorrieron las redes y la televisión. El frío polar también alteró la rutina de los 120 mil habitantes de Río Grande por completo. Lo primero es la pérdida de tiempo. 

Fuente: Infobae

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