
El espectacular desarrollo que tuvo la industria de biodiesel es un ejemplo de lo que puede lograr la bioeconomía.
Corría el año 1885 cuando un ingeniero alemán, paradójicamente nacido en París, se propuso desarrollar un motor de combustión interna con un rendimiento muy cercano al máximo teórico propuesto por el físico francés Sadi Carnot. Su objetivo era reemplazar los viejos motores de vapor, poco eficientes, muy pesados y costosos. Repetía continuamente que las máquinas a vapor incurrían en un despilfarro de energía.
La historia cuenta que el desarrollo estuvo a punto fracasar cuando en 1892, utilizando amoniaco como combustible, explotó el primer prototipo causándole serias heridas a él y sus colaboradores. Carl Linde, su mentor y patrocinador, cansado de no ver resultados decidió quitarle el apoyo financiero. Sin bajar los brazos a pesar de sus problemas de salud causados por el accidente, encontró en Heinrich von Buz, director de la compañía metalúrgica Maschinenfabrik Augsburg-Nürnberg, más conocida como MAN, el apoyo necesario. Un año más tarde, el 10 de agosto de 1893, Rudolf Christian Karl Diesel lograba exitosamente poner en funcionamiento la máquina que tanto soñó.
En esta ocasión, el combustible empleado fue aceite de palma. Recibir newsletter Los desarrollos continuaron con una serie de modelos cada vez más eficientes, hasta que en 1897, MAN presentó un motor de cuatro tiempos capaz de desarrollar una potencia de 25 caballos vapor. Esta versión toleraba una amplia gama de combustibles, desde aceites vegetales hasta aceites de petróleo livianos, comúnmente conocido como fueloil, que eran utilizados para alumbrar las calles. Ya eran épocas donde la Standard Oil había monopolizado el mercado de combustibles con sus prácticas poco éticas borrando del mercado cualquier tipo de combustible que no sea derivado del petróleo.
Rudolf Diesel estaba convencido que el motor debía funcionar con aceites vegetales . Durante la gran Exposición Universal de París en el año 1900, a la que asistieron más de 50 millones de personas, el ingeniero alemán presentó su motor, al que hacía funcionar utilizando aceite de maní como combustible. Tal era su convencimiento, que en un discurso en 1912 expresó: “El uso de aceites vegetales para el combustible de los motores puede parecer insignificante hoy, pero tales aceites pueden convertirse, con el paso del tiempo, importantes en cuanto a sustitutos del petróleo y el carbón de nuestros días”. Posterior a la trágica muerte del inventor, que se dio en 1913 en condiciones dudosas (murió ahogado cruzando el Canal de la Mancha), el motor diesel fue evolucionando dejando obsoleta a las máquinas de vapor.
Al comienzo en aplicaciones industriales, pero luego se trasladó a los ferrocarriles y los buques. La tecnología llevó a motores más livianos que se convirtieron en una solución muy interesante dentro de la industria automotriz. La velocidad de estos motores fue siendo cada vez más rápida y ello requirió de combustibles más sofisticados. La alta viscosidad de aceite hizo que deje de ser una opción. Hubo algunos intentos por desarrollar motores aptos para funcionar con aceites, como el desarrollado por Ludwig Elsbett, pero que no despertaron gran interés. La opción más lógica para los combustibles alternativos fue encontrar la forma de llevar la viscosidad de los aceites a valores compatibles con los del combustible fósil. Así fue como se descubrió el proceso de transesterificación, que consiste en hacer reaccionar el aceite vegetal con un alcohol liviano en presencia de un catalizador . El resultado es un éster metílico conocido como biodiesel y glicerol.
Entrados los años 90 y con las preocupaciones crecientes por las consecuencias del cambio climático, varios países liderados por Francia comenzaron a interesarse por utilizar biodiesel. Renault y Peugeot homologaron motores para funcionar con hasta 50% de mezclas de biodiesel en gasoil. Para 1998, 21 países ya tenían proyectos para producir biodiesel a escala comercial. En Argentina comenzó a utilizarse en 2010, cuando entró en vigencia la Ley 26.093, que estableció el corte mínimo obligatorio de 5% en todo el gasoil para uso automotor y 20% para generación eléctrica.(...)
Fuente: Clarín
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