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El Padrino de Vaca Muerta ahora va por el petróleo de Venezuela

07/01/2026 | INTERNACIONALES | Noticias Destacadas | 1012 lecturas | 243 Votos



Fines de agosto de 2012. Hacía apenas cuatro meses que el gobierno de Cristina Elisabet Fernández, viuda de Kirchner, había expropiado YPF y poco más de tres desde la asunción de Miguel Galuccio, ejecutivo estrella de Schlumberger que decidió dejar atrás décadas de carrera en esa empresa para volver de Londres a Buenos Aires y saldar una antigua deuda profesional y personal.




El flamante CEO de la petrolera nacionalizada cerraba el Council of Americas, cumbre empresaria que ya entonces era un musten el calendario anual de citas del Círculo Rojo. Esa mañana, en los salones del Al- vear Palace, también desfiló una persona clave para el futuro que imaginaba el Mago, apodo que Galuccio mereció por su talento técnico en la recuperación de yacimientos maduros: Ali Moshiri, por entonces, jefe de Exploración y Producción en África y América latina de Chevron.

"Estamos abiertos a un acuerdo estratégico con YPF. Esperamos trabajar con el Gobierno", dijo el ejecutivo, al término de su presentación. Eran momentos en los que tratar con YPF era jugar a la mancha venenosa en el mundo energético: además de estar, todavía, muy fresca la herida para los españoles, la batalla legal con Repsol por el despojo vamosportodista seguía abierto y cualquier empresa que se acercara a hacer negocios con la petrolera argentina, en ese momento, no sólo quedaba bajo el escrutinio de la comunidad financiera internacional: también, estaba expuesta a eventuales penalizaciones o castigos, incluso, más extremos.

Era una jugada de alto, altísimo, riesgo. Sin embargo, poco más de medio año después, en mayo de 2013, Moshiri y Galuccio compartían la foto en el piso 32 de la torre de YPF en Puerto Madero, tras la firma de un acuerdo, por u$s 1500 millones de inversión en un proyecto piloto. Ese convenio, en el que los beneficios que consiguió Chevron le valieron su nombre al decreto que los concedió, fue el primero de YPF para el desarrollo de Vaca Muerta. La piedra fundamental sobre la que se construyó la formación que, hoy, ya es una de las principales "máquinas de dólares" de la Argentina y que, más temprano que tarde, promete ser la principal.

En estas horas, Moshiri -que dejó Chevron en abril de 2017- volvió a ser noticia. Así como, hace más de una década, la vio antes que nadie en Vaca Muerta, ahora, picó en punta para capitalizar la puerta que Venezuela abriría para la vuelta de las petroleras internacionales. En especial, las estadounidenses.

Al frente de su propia empresa, Amos Global Energy, desde 2019, el iraní -ingeniero en petróleo que se radicó en los Estados Unidos en 1978, poco antes de la Revolución de los Ayatolas- develó al Financial Times que está buscando u$s 2000 millones para proyectos en ese país tras la captura de Nicolás Maduro.

Según Moshiri, el derrocamiento del dictador y el llamado de Donald Trump a las empresas de los Estados Unidos a apostar por el petróleo venezolano son "una oportunidad repentina" para los inversores.

Amos -acrónimo de su nombre y su apellido- quiere comprar entre 20.000 y 50.000 barriles diarios de producción de crudo y 500.000 barriles de reservas de la estatal PdVSA, con un horizonte de salida de cinco a siete años y una expectativa de retorno de inversión de 2,5x, según un memorando interno de la empresa fechado en diciembre, al que accedió FT.

Fuente: El Cronista

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