
Con un 75% de los pozos realizados hasta el momento, un 90% del shale oil producido y un 80% del shale gas obtenido, YPF es la petrolera que domina Vaca Muerta, la híper publicitada formación argentina de recursos no convencionales. A ella se suman corporaciones internacionales como la malaya Petronas, la rusa Gazprom, la francesa Total, las norteamericanas ExxonMobil y Chevron, y la angloholandesa Shell –entre otras–, que intentan colarse en su incipiente desarrollo. Pero eso no significa que las empresas de menor porte estén fuera del juego. De hecho, compañías como la argentina Petrolera Pampa (propiedad de Pampa Energía) y las canadienses Azabache Energy y Antrim Energy, por citar algunas, pretenden ganarse un lugar de privilegio en un negocio que confía en la recuperación de los precios internacionales del barril para despegar.
Vaca Muerta alberga recursos estimados por 308 billones de pies cúbicos (TCF, según sus siglas en inglés) en una superficie 100 veces mayor a la de Loma La Lata. De acuerdo con los expertos, la puesta en valor de éstos demandará inversiones por u$s 10.000 millones anuales.
En suma, hay espacio y margen de acción de sobra para la participación de todo tipo de empresas, e incluso si las más pequeñas se encargaran de apenas un 1% del presupuesto total proyectado, su rol sería sumamente valorado.
Por una cuestión de financiamiento, bien podría pensarse que el ingreso a la formación resulta totalmente prohibitivo para las junior, pero en verdad no lo es tanto para aquellas que tienen presencia en la Bolsa de Toronto y en el Mercado de Inversiones Alternativas de Londres, o para las que saben cómo moverse en el campo de las asociaciones estratégicas.
Además, según un informe de la consultora Accenture, las firmas de menor porte son las que ofrecen marcadas ventajas en términos de versatilidad y gestión de costos, variables que son particularmente apreciadas dentro del segmento no convencional.
En palabras de Gerardo Rabinovich, vicepresidente segundo del Instituto Argentino de la Energía, “los jugadores más pequeños son más audaces y están mejor preparados para tomar riesgo. Aunque tengan poco peso en el mercado, la actividad que generan es muy valiosa”.
Fuente: Revista Petroquímica
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