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“La Argentina confundió la seguridad energética con el autoabastecimiento”

02/07/2015 | ARGENTINA | Actualidad | 293 lecturas | 47 Votos



Así lo cree el especialista energético Francisco Mezzadri




Un flujo permanente y de amplio alcance de hidrocarburos no es igual a un stock limitado de éstos. Ya es hora de aprender esa diferencia básica, según el economista Francisco Mezzadri, quien destaca la necesidad de asumir una visión integral de todo el sector energético y ejercer un rol orientador para la inversión.

El mundo de la energía hoy atraviesa una etapa de grandes avances tecnológicos, lo que representa un enorme desafío para la Argentina, que ha permanecido más de una década aislada de este fenómeno. Así lo cree el economista Francisco Mezzadri, quien remarca que el país sólo se movilizó en los últimos años por la posible explotación de esquistos hidrocarburíferos.

“En la energía eléctrica, las nuevas tecnologías hacen compartir crecientemente con la demanda la responsabilidad tradicional de la oferta de ampliar la disponibilidad de energía. De ahí que sea aventurado precisar prioridades nacionales de largo plazo, cuando el menú de alternativas del progreso tecnológico se renueva con amplitud y está crecientemente sujeto, además, a las exigencias del cambio climático”, reconoce el ex presidente de la Cámara Argentina de Inversores en el Sector Eléctrico (CAISE) y titular de la consultora Mezzadri y Asociados, en diálogo con este medio.

No obstante, indica, será absolutamente clave contar con una disposición política que inspire la planificación requerida, su grado de apertura frente a la nueva realidad y sus recursos de innovación tecnológica y en el consenso a fin de lograr la seguridad energética en un contexto competitivo. “La Argentina, que confundió la seguridad energética con el autoabastecimiento (o sea, un flujo permanente y de amplio alcance con un stock limitado de hidrocarburos), ya está en condiciones de darse cuenta de los riesgos y costos incurridos. Por eso, la planificación tendrá que asumir una visión integral de todo el sector de la energía y sostener un rol orientador para la inversión, manteniendo organismos reguladores idóneos e independientes, y propiciando una vinculación armónica del Estado con la iniciativa y el riego que asuma la participación privada”, afirma.

CREDIBILIDAD Y CONFIANZA

De acuerdo con Mezzadri, la magnitud de los recursos de capital necesarios para la inversión futura en todo el sector energético, incluidos lógicamente los hidrocarburos, estaría en torno a los u$s 20.000 millones anuales en los próximos 20 años, si se consideran las explotaciones intensivas en capital de shale gas y shale oil, las energías renovables del viento y del sol, nuevas represas sobre los ríos Uruguay y Paraná, y si se intentara adicionar tres plantas de elevada potencia en materia nuclear.

“Hay que preparar al país para atraer semejantes niveles de inversión, a los que deberán agregarse las necesidades provenientes de otros sectores de la economía. El Estado argentino no poseerá tales recursos ni necesita ser el proveedor de éstos, salvo en el caso de las obras binacionales y la energía nuclear. Será su responsabilidad y de la comunidad política generar un marco macroeconómico estable y previsible, además de establecer las condiciones específicas y de confianza para atraer capitales desde los mercados internacionales en un marco de competencia y transparencia”, expresa.

En su opinión, el precio de la energía que determinen los mercados, excluidas las imperfecciones provenientes de fallas propias o introducidas por el Estado, es la mejor señal para la inversión, en un contexto intertemporal creíble de respeto de los contratos y de la propiedad. “Éste es un principio tan válido para el que construye una vivienda para alquilar como para un gran inversor de cualquier sector. La presencia de subsidios indiscriminados altera sustancialmente ese principio, distorsiona los precios relativos, destruye el incentivo inversor y genera mercados reprimidos: nadie invierte si no puede estimar su flujo de ingresos ni su tasa de descuento”, sostiene.

La Argentina, agrega, debe salir de esa restricción inversora con urgencia para poder atraer inversión directa. “La velocidad con que se reduzcan los subsidios indiscriminados debería ser alta, siendo reemplazados y presupuestados por subsidios identificables para aquellos que los necesiten. En energía es imprescindible recuperar la credibilidad y estabilidad ante los mercados mayoristas y devolver a los entes reguladores idoneidad y las facultades que les concede la ley para elaborar tarifas a nivel minorista bajo condiciones de excepción, como serán las que distingan el futuro reacomodamiento de los precios relativos”, opina.

MUCHO POR HACER

A decir de Mezzadri, la Argentina tiene en marcha varios proyectos de generación térmica, además de la repotenciación de la central nuclear Embalse, que probablemente no alcancen a cubrir la demanda de generación eléctrica hacia el año 2018 en un escenario “business as usual”; es decir, sin modificaciones de precios relativos ni de puesta en ejecución de emprendimientos que enfaticen respuestas inducidas a la demanda para ahorrar energía y usarla con eficiencia creciente.

“Los planes hidroeléctricos anunciados por el Gobierno, por otra parte, no se completarían hasta entrada la próxima década, y mucho menos las iniciativas nucleares acordadas con China, si se mantuvieran. Las nuevas autoridades deberían, en consecuencia, prestar enorme atención a este tema a partir de 2016 y crear condiciones para una aceleración en la instalación de proyectos térmicos usuarios de gas natural y de energía eólica”, señala.

A su entender, quienes lleguen al poder también deberán decidir acerca de la futura institucionalidad del sector y la normalización de sus mercados hoy intervenidos por el Estado. “De todos modos, sobre la base de la perspectiva del parque generador es incierta la suficiencia del abastecimiento energético anunciado aún para la década del 2020: habrá que actualizar los viejos proyectos hidroeléctricos cordilleranos bajo las condiciones de cambio climático previsible a largo plazo, evaluar el desarrollo previsible de Vaca Muerta; también deberá consolidarse una etapa de fuerte desarrollo de energías renovables y de proyectos competitivos de generación distribuida, y será necesario revisar las justificaciones de los proyectos nucleares promovidos con fuentes proveedoras y financiamiento chino y ruso”, completa.

Fuente: Revista Petroquímica

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